Manos unidas

Una mano
más una mano
no son dos manos;
Son manos unidas.
Une tu mano
a nuestras manos
para que el mundo no esté
en pocas manos
sino en todas las manos.

Gonzalo Arango (Colombia) 

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Fotografía: Martine Franck (Bélgica)

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“La mujer no es la sombra del hombre”

Evelina Oliveira

Ilustración por: Evelina Oliveira

El feminicidio de las chicas argentinas en Montañita-Ecuador, es un precedente más sobre el cual es pertinente insistir en la fuerte necesidad de no ser cómplices de la violencia de género. Desorbitados insiste en aquella necesidad con las palabras del poeta colombiano Gonzalo Arango, quien en su poema “La nueva Eva” expresa:

(…) ¿Quién teme a las mujeres libres? Únicamente sus opresores: sus eternos verdugos.

Una mujer esclavizada no es una mentira con los ojos azules, es una mentira ciega. En cambio una mujer libre, lúcida, será siempre una verdad viva. La mujer sometida por la fuerza, la ignorancia, la inactividad, el servilismo doméstico, vive bordeando los abismos de la prostitución, degradada en su ser moral. Una tal existencia es un fracaso de la especie, inútil a la humanidad, a la vida, a ella misma.

La mujer no es admirable por el sexo, sino por lo que es; en el sexo empieza el interés pero ahí no radica lo interesante. En cierto sentido lo sexual es el telón tras el cual está oculto lo esencial, el drama entre dos cuyo fin es el destino. El papel del sexo en el drama del amor es una clave para despertar los sueños, abrir el sésamo de las almas, revelar los tesoros de ternura, inteligencia y afectividad de los amantes. Tendrá que ser un dialogo del hombre y la mujer, no un monologo egoísta del hombre en que este decreta las leyes del juego según su interés, incluso cargando los dados.

La mujer no es la sombra del hombre, ella es también soledad y destino, y si está a nuestro lado no es para usarla como objeto, sino para compartir el día y la noche; el pan y las estrellas. La cautividad de la mujer, su arbitraria inferioridad, en vez de fundar la armonía de la pareja, la rompe. Esa distancia que los separa, procede de un atavismo, un complejo machista de dominio que tiene que ser superado por la cultura.

¿Qué deleite puede extraer un hombre de esclavizar lo que ama, de amar lo inferior? Yo creo que el verdadero amor, siempre está dirigido a lo más alto, lo más digno, lo más libre. Porque el que humilla aquello que ama, se humilla a sí mismo y cada uno encontrará en el otro su propia destrucción.