¿La inspiración como aventura?: tres experiencias a través del dibujo y la literatura. Tercera parte

Publicación por: Fabián Bonilla (FaBo)


Hemos llegado a la tercer y última entrega de mi aventura personal con el dibujo (partes 1 y 2). En ésta compartiré un dibujo que, junto a los anteriores, abraza el espíritu desorbitado de este blog. Justamente esta compilación de dibujos ha sido denominada Desorbitados, porque aguarda mi búsqueda incansable por hallar aquello que me apasiona y me motiva a creer en el camino que vengo recorriendo desde hace un buen tiempo con este blog. Porque aguarda un sentimiento de revelaciones a través del arte, el cine, la fotografía y la literatura. Pero, sobre todo, porque aguarda un sueño, como el sueño que inspiró la experiencia que comparto a continuación.

Metamorfosis

Metamorfosis parece una palabra encarnada en Kafka, pero no es en Kafka en quien únicamente se reproduce. En la literatura esta palabra ha encarnado y estará encarnando muchas veces. Así como encarnó en la obra del escritor en mención; también lo hizo en un cuento escrito por el colombiano Carlos Gustavo Álvarez quien conforma el grupo de escritores compilados por Darío Jaramillo Agudelo (escritor colombiano) en una Antología de Lecturas Amenas.

Hace más de 6 años adquirí aquella antología. Allí me encontré con Violeta, un cuento que leí en varias ocasiones y retomé en 2017 sin imaginar lo que provocaría tras una nueva lectura…

Aunque tenía el cuerpo ligero para correr por entre las flores con el asombro de un colibrí y las manos tibias y hábiles para vestir muñecas, a Violeta lo que más le gustaba era soñar.

Soñaba tanto Violeta que en uno de sus sueños se produjo una metamorfosis. Esta niña despertó convertida en gato; en un bello gato que se tradujo en los trazos que me llevaron a realizar bocetos para dar vida artística a esa metamorfosis.

Metaforfosis

Violeta/ Grafito sobre papel Durex / Autor: Fabián Bonilla

He comprobado por mi propia experiencia, que a través del arte son posibles muchas cosas (incluso nuestros sueños). Y, cuando interconectamos varias expresiones artísticas, podemos sumergirnos en la magia de la creatividad; viajar a lugares donde palpita nuestra curiosidad y encontrar la posibilidad de mantenernos firmes ante el deseo de sueños interminables como los sueños de Violeta.

(…) todo era posible en los ojos de Violeta. Y en Navidad, cuando los niños se fijaban en el árbol y se reunían intranquilos para asaltar los paqueticos multicolores de los obsequios, Violeta sólo tenía un deseo. Entre la algarabía y las sonrisas, pedía que su mejor regalo fuera los sueños interminables y que nunca la abandonara la fantasía, porque entonces su vida sería oscura y lenta como la de un juguete sin niños.

Pensar en una metamorfosis no siempre es fácil cuando se trata de plasmarla artísticamente sobre el papel. En nuestra cabeza se pueden reproducir incontables imágenes; se pueden jugar con las formas increíblemente, pero plasmarlas siempre será un desafío. Quise llevar a cabo ese desafío y su desarrollo me produjo satisfacción, dejó en mí la inquietud de seguir explorando, seguir dibujando, seguir leyendo y seguir buscando estímulos para nutrir eso que llamamos inspiración.

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¿La inspiración como aventura?: Tres experiencias a través del dibujo y la literatura. Segunda parte.

Publicación por: Fabián Bonilla (FaBo)


En la primera entrada sobre este tema, hablé acerca de la inspiración y de cómo ésta se manifiesta si nos apoyamos de algún estímulo para provocarla. Para acompañar aquella entrada hablé sobre un dibujo que surgió como producto del cuento El ruiseñor y la Rosa.

En esta oportunidad les invito a conocer otra de mis experiencias que, como en la anterior, requirió de un estímulo que progresivamente me llevó a crear un dibujo surrealista en el cual mezclo arte y poesía.

“Arbol adentro”

Para hablar de esta experiencia es indispensable mencionar mi interés por el surrealismo. Buena parte mi proceso creativo se ha visto inspirado por este movimiento. Tanto propuestas literarias como artísticas de éste han llamado mi atención. En el arte destaco las propuestas de: Marc Chagall, Rene Magritte, Remedios Varo y Vladimir Kush. En la literatura: Julio Cortázar, Alejandra Pizarnik, Olga Orozco y Octavio Paz.

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De izquierda a derecha las obras pertenecen a: Marc Chagall, Remedios Varo, Vladímir Kush. Collage elaborado por Desorbitados.

A través de estos/as artistas y escritores he visualizado escenas que transfiguran de un orden natural a un universo surreal. Especialmente desde la literatura he conectado con escenas que influenciaron la producción del dibujo que verán a continuación.

De este dibujo tengo que hablar en dos momentos. El primero tiene lugar hace más de 5 años en medio de un juego surrealista (cadáver exquisito) del cual nace un boceto que acompañé con un poema de Octavio Paz.

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Raíz, dibujo por Fabián Bonilla

En aquella época mi relación con el arte era incipiente. No obstante mi exploración con el surrealismo estaba latente y me inquietaba insistentemente.

El segundo momento tiene lugar durante 2017. Este año es fundamental; va a ser el año en el cual me reencuentro con las artes e identifico en éstas la vitalidad para recrearme y compartir mi creatividad con el mundo. Es el año en donde este dibujo titulado Raíz, evolucionó y, el surrealismo contenido en su composición, adquirió fuerza y esa fuerza vino acompañada de mi reafirmación dentro de las artes junto a una conexión especial con la literatura.

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Raíz (2017)
Grafito sobre Durex
35*25 cm
Dibujo inspirado a partir de técnica surrealista: cadáver exquisito

Es clave hablar de esa conexión, porque cuando estaba por publicar este dibujo, quería acompañarlo de algún poema. Busqué en mi lista surrealista, pero no hallaba nada que lograra conectarse completamente con el dibujo, hasta que alguien me compartió la lectura de Árbol Adentro, poema escrito por Octavio Paz:

 

Creció en mi frente un árbol.

Creció hacia dentro.

Sus raíces son venas,

nervios sus ramas,

sus confusos follajes pensamientos.

Tus miradas lo encienden

y sus frutos de sombras

son naranjas de sangre

son granadas de lumbre.

Amanece

en la noche del cuerpo.

Allá adentro, en mi frente,

el árbol habla.

Acércate, ¿Lo oyes?

No había leído este poema con anterioridad. Por sorpresa encontré en él una conexión directa con aquella imagen que surgió en mi mente para convertirse en un dibujo inspirado por el surrealismo. Desde esta experiencia siempre recurro a diversos estímulos; siempre pongo a prueba la inquietud que me lleva a explorar en el cine, la literatura, la fotografía y toda expresión creativa.

¿Qué estímulos utilizas tú para crear? Comparte tu experiencia en los comentarios.

¡nos vemos en tercera y última entrada de esta serie!

¿La inspiración como aventura?: Tres experiencias a través del dibujo y la literatura. Primer parte

Publicación por: Fabián Bonilla (FaBo) 


Aún se suele creer que el resultado de un dibujo, un poema, un cuento u otra expresión de creatividad, está estrechamente ligado a la idea de una inspiración sobrehumana. Cada uno puede tener ideas distintas de inspiración. Pero, suele pesar más aquella relacionada con algo transferido por algún ente ajeno que, de repente, nos ilumina para crear.

Considerar esta idea como determinante para la creación puede ser un error. Poco o de nada sirve sentarse a esperar la llegada de una luz divina para inspirarse. Personalmente considero la inspiración como una aventura en donde embarcamos a descubrir lo oculto; a escudriñar lugares que nuestros sentidos no han alcanzado.

Una forma de ejemplificar la inspiración como aventura, es Alicia en el País de las Maravillas: ¿Qué sería de este personaje literario si no hubiese ensuciado sus manos para atreverse a explorar el camino del conejo blanco? Una respuesta es que no habría vivenciado todo aquello que implicó enfrentarse a la reina roja, y no hubiese hallado por sí misma la inspiración para resolver los obstáculos que recubren el desarrollo de la historia.

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Ilustración por Rebecca Doutremer

Lo mismo sucede con todo aquello que creamos. No nace de la nada; nace de las ganas, el esfuerzo, la dedicación, la curiosidad. Con todas éstas, han nacido algunas de mis creaciones artísticas y, a partir de  hoy, quiero invitarles a conocer de qué forma me he aventurado a realizar tres dibujos, cuyas experiencias me llevan a creer en la inspiración como una aventura. ¡Vamos a ello!

El agonizante canto del ruiseñor.

Una noche el tedio quiso adueñarse de mi tiempo. Deambulaba por la casa y no hallaba forma alguna de enfrentarlo. Después de un buen rato me recosté sobre la cama, empecé a observar con curiosidad la biblioteca; a recorrer la lista de libros que tengo pendientes por leer. Me decidí por una edición especial que compila algunos cuentos y novelas de Oscar Wilde.

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Transcurría la noche. Pese a hallar entretención con el libro, no lograba hacer frente al tedio. Pero insistí… tras recorrer sus páginas me detuve en la lectura de un cuento que meses atrás alguien me había sugerido: El Ruiseñor y la Rosa. Logré conectarme con esta lectura, cuando una de sus escenas causó impacto y me conmovió:

“(…) Entonces el ruiseñor se apretó más contra las espinas, éstas llegaron a su corazón causándole un tormentoso dolor. Cuanto más sufría, más vehemente era su canción, porque cantó sobre el amor sublimado por la muerte, el amor que no termina en la tumba.

Y la maravillosa rosa se hizo roja como las rosas del cielo de Bengala, rojo era el color de sus pétalos y, púrpura como el rubí, su corazón”

Tal fue la conmoción: ésta se instaló en mi mente y produjo una gestación con el eco de un momento en donde se reproducía el agonizante canto del ruiseñor; el pálpito de su corazón que teñía de rojo los pétalos de una rosa.

La inquietud de aquel momento me llevó a buscar lápiz y papel. No podía perder la oportunidad de pasar por alto aquello que en mi mente retumbaba; no podía sucumbir a perder aquella escena que me sugería pasar de lector a dibujante; no podía pasar aquella noche sin dejar evidencia de mi confrontación con el aburrimiento; sin permitirme un viaje entre trazos y bocetos que dieron como resultado la petrificación artística de un canto colmado de amor y dolor.

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Dibujo por: Fabián Bonilla
Técnica: Grafito y color sobre papel durex

Sin duda alguna ésta fue una experiencia en donde mi creatividad se puso a prueba. Fue allí en donde me aventuré no sólo a crear, sino a conectar con la creación escrita que nos legó Oscar Wilde.

¿Han tenido experiencias creativas similares? ¿Cómo han sido sus experiencias con la inspiración? ¿Cómo se aventuran a buscarla? ¡Anímense a compartirlas en los comentarios!

¡Nos vemos en la segunda parte!

Invitación

Hoy se conmemora un año más del nacimiento del escritor Edgar Allan Poe. Hace un par de años, desde Desorbitados se le rindió homenaje a través de una visita recreada en como encuentros delatores en una mansión donde habitan personajes del arte, la literatura, la música… que se han visto influenciados por su obra literaria.

Esta tarde les invito a visitar aquella mansión, para recrear su obra junto al material artístico de aquellos personajes.

Puedes ingresar por AQUÍ.

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Ilustración por: Pablo Bernasconi

 

Bitácora

Con esta entrada doy apertura a Bitácora, sección dedicada fragmentos escritos que figuran como reflexiones, imágenes, vivencias, etc., en donde encuentro lugar para definir Desorbitados. El primer fragmento lo extraigo de Alejandra Pizarnik, específicamente de su poema 23 contenido en la obra literaria “Árbol de Diana”

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Fotografía por: Desorbitados

“Una confusión cotidiana”

Hoy en la Ventana Literaria me detengo a observar “una confusión cotidiana”, ¿qué tal si la observan conmigo?. Disfruten de este cuento escrito por Frans Kafka

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“Dudando” – Eernesto Bertani 

Un incidente cotidiano, del que resulta una confusión cotidiana. A tiene que cerrar un negocio con B en H. Se traslada a H para una entrevista preliminar, pone diez minutos en ir y diez en volver, y se jacta en su casa de esa velocidad. Al otro día vuelve a H, esta vez para cerrar el negocio. Como probablemente eso le exigirá muchas horas, A sale muy temprano. Aunque las circunstancias (al menos en opinión de A) son precisamente las de la víspera, tarda diez horas esta vez en llegar a H. Llega al atardecer, rendido. Le comunican que B, inquieto por su demora, ha partido hace poco para el pueblo de A y que deben haberse cruzado en el camino. Le aconsejan que espere. A, sin embargo, impaciente por el negocio, se va inmediatamente y vuelve a su casa.

Esta vez, sin poner mayor atención, hace el viaje en un momento. En su casa le dicen que B llegó muy temprano, inmediatamente después de la salida de A, y que hasta se cruzó con A en el umbral y quiso recordarle el negocio, pero que A le respondió que no tenía tiempo y que debía salir en seguida.

A pesar de esa incomprensible conducta, B entró en la casa a esperar su vuelta. Y ya había preguntado muchas veces si no había regresado aún, pero seguía esperándolo siempre en el cuarto de A. Feliz de hablar con B y de explicarle todo lo sucedido, A corre escaleras arriba. Casi al llegar tropieza, se tuerce un tendón y a punto de perder el sentido, incapaz de gritar, gimiendo en la oscuridad, oye a B -tal vez muy lejos ya, tal vez a su lado- que baja la escalera furioso y que se pierde para siempre.

 

“La poesía al alcance de los niños”

Hoy, en el día internacional del libro, Desorbitados recuerda y comparte un texto del escritor colombiano Gabriel García Márquez: la poesía al alcance de los niños. Un texto en el que la palabra niño implica no solamente esa etapa de nuestros ciclos vitales, sino cada uno de esos momentos en los cuales, como jóvenes y adultos, nos acercamos y acercamos a otros a la lectura.

Es un texto muy especial, cuya invitación trasciende las recetas y las normas con las cuales algunos presumen erudición interpretativa, en detrimento de la humildad y las variadas formas del aprendizaje relacionado con la literatura.

¡Disfrútenlo!…

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Fotografía por: Hernán Díaz (fotógrafo colombiano)

Por: Gabriel García Márquez 

27 de enero de 1981

Un maestro de literatura le advirtió el año pasado a la hija menor de un gran amigo mío que su examen final versaría sobre Cien años de soledad. La chica se asustó, con toda la razón, no sólo porque no había leído el libro, sino porque estaba pendiente de otras materias más graves. Por fortuna, su padre tiene una formación literaria muy seria y un instinto poético como pocos, y la sometió a una preparación tan intensa que, sin duda, llegó al examen mejor armada que su maestro. Sin embargo, éste le hizo una pregunta imprevista: ¿qué significa la letra al revés en el título de Cien años de soledad? Se refería a la edición de Buenos Aires, cuya portada fue hecha por el pintor Vicente Rojo con una letra invertida, porque así se lo indicó su absoluta y soberana inspiración. La chica, por supuesto, no supo qué contestar. Vicente Rojo me dijo cuando se lo conté que tampoco él lo hubiera sabido.

Ese mismo año, mi hijo Gonzalo tuvo que contestar un cuestionario de literatura elaborado en Londres para un examen de admisión. Una de las preguntas pretendía establecer cuál era el símbolo del gallo en El coronel no tiene quien le escriba. Gonzalo, que conoce muy bien el estilo de su casa, no pudo resistir la tentación de tomarle el pelo a aquel sabio remoto, y contestó: «Es el gallo de los huevos de oro». Más tarde supimos que quien obtuvo la mejor nota fue el alumno que contestó, como se lo había enseñado el maestro, que el gallo del coronel era el símbolo de la fuerza popular reprimida. Cuando lo supe me alegré una vez más de mi buena estrella política, pues el final que yo había pensado para ese libro, y que cambié a última hora, era que el coronel le torciera el pescuezo al gallo e hiciera con él una sopa de protesta.

Desde hace años colecciono estas perlas con que los malos maestros de literatura pervierten a los niños. Conozco uno de muy buena fe para quien la abuela desalmada, gorda y voraz, que explota a la cándida Eréndira para cobrarse una deuda es el símbolo del capitalismo insaciable. Un maestro católico enseñaba que la subida al cielo de Remedios la Bella era una transposición poética de la ascensión en cuerpo y alma de la virgen María. Otro dictó una clase completa sobre Herbert, un personaje de algún cuento mío que le resuelve problemas a todo el mundo y reparte dinero a manos llenas. «Es una hermosa metáfora de Dios», dijo el maestro. Dos críticos de Barcelona me sorprendieron con el descubrimiento de que El otoño del patriarca tenía la misma estructura del tercer concierto de piano de Bela Bartok. Esto me causó una gran alegría por la admiración que le tengo a Bela Bartok, y en especial a ese concierto, pero todavía no he podido entender las analogías de aquellos dos críticos. Un profesor de literatura de la Escuela de Letras de La Habana destinaba muchas horas al análisis de Cien años de soledad y llegaba a la conclusión -halagadora y deprimente al mismo tiempo- de que no ofrecía ninguna solución. Lo cual terminó de convencerme de que la manía interpretativa termina por ser a la larga una nueva forma de ficción que a veces encalla en el disparate.

Debo ser un lector muy ingenuo, porque nunca he pensado que los novelistas quieran decir más de lo que dicen. Cuando Franz Kafka dice que Gregorio Samsa despertó una mañana convertido en un gigantesco insecto, no me parece que eso sea el símbolo de nada, y lo único que me ha intrigado siempre es qué clase de animal pudo haber sido. Creo que hubo en realidad un tiempo en que las alfombras volaban y había genios prisioneros dentro de las botellas. Creo que la burra de Ballam habló -como lo dice la Biblia- y lo único lamentable es que no se hubiera grabado su voz, y creo que Josué derribó las murallas de Jericó con el poder de sus trompetas, y lo único lamentable es que nadie hubiera transcrito su música de demolición. Creo, en fin, que el licenciado Vidriera -de Cervantes- era en realidad de vidrio, como él lo creía en su locura, y creo de veras en la jubilosa verdad de que Gargantúa se orinaba a torrentes sobre las catedrales de París. Más aún: creo que otros prodigios similares siguen ocurriendo, y que si no los vemos es en gran parte porque nos lo impide el racionalismo oscurantista que nos inculcaron los malos profesores de literatura.

Tengo un gran respeto, y sobre todo un gran cariño, por el oficio de maestro, y por eso me duele que ellos también sean víctimas de un sistema de enseñanza que los induce a decir tonterías. Uno de mis seres inolvidables es la maestra que me enseñó a leer a los cinco años. Era una muchacha bella y sabia que no pretendía saber más de lo que podía, y era además tan joven que con el tiempo ha terminado por ser menor que yo. Fue ella quien nos leía en clase los primeros poemas que me pudrieron el seso para siempre. Recuerdo con la misma gratitud al profesor de literatura del bachillerato, un hombre modesto y prudente que nos llevaba por el laberinto de los buenos libros sin interpretaciones rebuscadas. Este método nos permitía a sus alumnos una participación más personal y libre en el prodigio de la poesía. En síntesis, un curso de literatura no debería ser mucho más que una buena guía de lecturas. Cualquier otra pretensión no sirve para nada más que para asustar a los niños. Creo yo, aquí en la trastienda.