VIH: ¿un virus de mentiras en Occidente?

“¿Buena salud? ¿Mala salud? Todo depende del punto de vista. Desde el punto de vista de la gran industria farmacéutica la mala salud es muy saludable”

Eduardo Galeano


Publicación por: Fabián Bonilla Patiño


Existen bastantes registros acerca de las medidas preventivas y los tratamientos contra el Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH) y el Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (SIDA). Sólo basta remitirse a portales de organismos como la Organización Mundial de la Salud, la ONUSIDA, los ministerios de salud de nuestros países; así como a un sinfín de páginas web para encontrar información oficial al respecto.

La documentación reunida a través de estos portales y páginas destaca por informes, documentos sobre conferencias, foros, campañas y otros eventos difundidos a propósito de contrarrestar la propagación del virus y la enfermedad. No obstante, también existe información disidente desde la cual se plantean severas cuestiones al considerar, entre otros aspectos, que: “(…) no hay evidencias científicas de que el VIH sea la causa del SIDA” (G. Roberto, 2007).

Planteamientos como los de la información disidente suponen interrogar si la información que se difunde oficialmente es verídica, o si se trata -en correspondencia con la sentencia de Eduardo Galeano- de una verdad a medias muy saludable tanto para la industria farmacéutica, como para la corrupción científica y los intereses geopolíticos de países como Estados Unidos. Supone, por lo tanto, hacer eco de material audiovisual e investigativo para profundizar en cuestiones al VIH y al SIDA que, aún en albores del siglo XXI, no han sido resueltas y no han logrado hacer frente a la cuantiosa cuota de la epidemia letal.

¿Qué sabemos acerca del VIH/SIDA?            

Para comenzar, es importante que usted (ya que se encuentra leyendo este artículo) se haga esta pregunta. Seguramente se va encontrar con escasa o nula claridad sobre la diferencia entre VIH y SIDA o, por el contrario, va recordar información relacionada con estas definiciones:

VIH es la sigla correspondiente a “virus de la inmunodeficiencia humana”. Es un retrovirus que afecta las células del sistema inmunitario (principalmente las células T CD4 positivas y los macrófagos, componentes clave del sistema inmunitario celular) y destruye o daña su funcionamiento. La infección por este virus provoca un deterioro progresivo del sistema inmunitario, lo que deriva en “inmunodeficiencia”.

(…) Sida es un término que corresponde a “síndrome de inmunodeficiencia adquirida” y constituye una definición de vigilancia basada en indicios, síntomas, infecciones y cánceres asociados con la deficiencia del sistema inmunitario que resulta de la infección por VIH.  (ONUSIDA, 2008)

Como toda información, estas definiciones que acaban de leer tienen historia, y como toda historia, tienen diferentes versiones y una de ellas corresponde a reconocidos programas como la ONUSIDA, autoridades como la Organización Mundial de la Salud, entre otras. Esta versión hace parte de la teoría oficial que considera la fórmula VIH = SIDA y sus antecedentes remiten a abril de 1984 cuando, la entonces Secretaria  de Salud y Servicios Humanos de EEUU, Margaret Heckler, declara por medio de una rueda de prensa el descubrimiento (atribuido al doctor Robert Gallo en Washington) de la probable causa del SIDA: el VIH.

Desde luego los antecedentes no corresponden únicamente a aquella época y lugar, pues “(…) en 1983 el doctor Luc Montagnier [en París] y su equipo de investigadores identificaron lo que pensaron podría ser la causa del SIDA” (Leung B, 2009). Esto nos sitúa frente a un panorama no exclusivo de Estados Unidos como el epicentro del aparente descubrimiento, actualmente cuestionado desde diferentes posiciones (periodísticas, cinematográficas, científicas, etc.) que revelan otra perspectiva del enmarañado mapa construido en torno a la enfermedad y la veracidad de las afirmaciones científicas que, apoyadas por los medios de comunicación del país norteamericano, marcaron los fines del siglo XX con uno entre los virus quizá más polémicos de la humanidad.

Cuestiones desde la escena cinematográfica y documental.

Dallas buyers club

Ryon (Interpretado por Jared Leto) y Ron Woodroof (Interpretado por Matthew McConaughey)

En el año 2013 fue lanzada la película “Dallas Buyers Club”, conocida en Hispanoamérica como “El club de los desahuciados”. En ésta se narra la historia de Ron Woodroof[1], quien luego de ser diagnosticado con VIH da un vuelco a su vida y decide indagar acerca del virus sin conformarse con el diagnóstico médico que le advertía sólo 30 días de vida.

Las indagaciones de este hombre fueron oportunas. Gracias a éstas halló alternativas a la medicación oficial (AZT) y dio con el paradero de Vass (médico residente en México) quien le suministró drogas no aprobadas en Estados Unidos para el tratamiento del virus. Estos suministros mejoraron su salud y con ello optó por traficar con los medicamentos no aprobados, para ofrecerlos a pacientes diagnosticados con VIH en su país.

Para él esto supuso aproximarse y comprender mucho mejor las historias de gays, lesbianas y trans. Pero, sobre todo, enfrentarse a la corrupción farmacéutica lucrada por medio de fármacos como el AZT.

La película es apenas un esbozo de los cuestionamientos que un buen número de investigadores ha llevado a cabo, con motivo de sugerir al público una lectura crítica en torno a la teoría oficial del SIDA. Por eso otra de mis sugerencias es el trabajo documental de Brent Leung. Este productor lanzó en el año 2009 el documental: “House of a Numbers, anatomy of an epidemic” (La casa de los números, anatomía de una epidemia) en el cual se relata su viaje por diferentes países para entrevistar a científicos, periodistas, personas diagnosticadas con el VIH, entre otras relacionadas con el tema.

Los cuestionamientos discutidos allí son ubicados en el contexto de emergencia del virus (relacionado directamente en sus inicios con sectores gay); sus propagación e incidencia en el continente africano; la disputa científica y las conjeturas que desencadenan la posición disidente; así como los intereses económicos, geopolíticos y estratégicos entre los cuales titula Estados Unidos.

Otro documental imprescindible, por la diversidad de entrevistas que ofrece desde miradas disciplinarias y testimoniales, es “La ciencia del pánico” (2011). El argumento de éste permite acercarse a interrogantes que seguramente usted se han formulado, se han formulado personas diagnosticadas o nos hemos formulado quienes en algún momento hemos sentido acorralada nuestra salud por el miedo que supone enfrentarse a la enfermedad. Para el grupo de producción de este trabajo:

Es muy posible, tal y como revelan los hechos en este documental, que en el tema del SIDA exista un fraude colosal: el silencio, la censura a la que están obligados los científicos disidentes, también los galardonados con el Premio Nobel; la falta de pruebas fiables sobre la relación VHI-SIDA; los tests de resultados equívocos; los orígenes del AZT y sus terribles efectos secundarios; los extraños casos de tantos supervivientes de largo plazo que no toman medicación de parejas serodiscordantes que no se han contagiado, de recién-nacidos que negativizan el virus o bien nacen sin él. (Isabel Otaduy y Patrizia Monzan, 2011).

Cuestiones desde el escenario disidente.

Como verán, la escena cinematográfica y documental no es la única para acercarse a los cuestionamientos mencionados hasta ahora. Específicamente en el escenario disidente trabaja el Grupo de Replanteamiento de la Hipótesis VIH=SIDA “(…) conformado por más de 3.000 médicos, científicos y otros investigadores de más de 75 países incluyendo a profesores eméritos de muchas universidades y varios galardonados con el Premio Nobel” (Giraldo R, 2007).

A este grupo pertenece el médico colombiano Roberto Giraldo. Para él es fundamental replantear este síndrome teniendo en cuenta, según sus afirmaciones, que:

Un retrovirus denominado VIH ha sido asociado a muchas personas con Sida y a riesgo de desarrollarlo. Debido a esta asociación, dicho virus fue postulado como causa del Sida, lo cual ha sido oficialmente aceptado desde entonces. Se propuso que el VIH destruía el sistema inmunológico matando los linfocitos T. También se propuso que una vez positivo, para anticuerpos contra el VIH, el individuo desarrollaría el Sida en el futuro. Sin embargo, ninguno de estos postulados ha sido comprobado después de más de una década de intensas investigaciones. Incluso si tal asociación fuese real, hay que recordar que asociación o correlación no son sinónimos de causalidad (Giraldo, 1996).

La verdadera causa del SIDA son las exposiciones múltiples, repetidas y crónicas a una variedad de agentes estresantes inmunológicos de origen químico, físico, biológico, mental y nutricional.

(…) Los medicamentos antirretrovirales son inmuno-tóxicos potentes y pueden generar el SIDA por sí mismos.

Con el SIDA se inaugura (…) una nueva época en la historia de las enfermedades del hombre. El incremento de agentes estresantes en el ecosistema humano, está poniendo en serio peligro la preservación de nuestra especie. ¡El SIDA es una campana de alerta! Sin embargo, el mito o creencia en el fenómeno conocido como VIH encubre y no permite ver el peligro en que se encuentra sumida nuestra especie (Giraldo 2007).

La importancia de estos planteamientos no es mínima. Los parámetros de seguimiento de la enfermedad por medio de test como ELISA y Western Blot, han arrojado interrogantes[2] debido a casos en los cuales algunas personas han resultado seropositivas en un país; pero al realizarse las pruebas en otro, los resultados han sido contrarios. A esto se suma el hecho de que el control de la enfermedad en África ha sido particular y ello sugiere serios cuestionamientos para situar el debate más allá de factores biológicos, pues como bien se puede apreciar en otras investigaciones:

(…) el hecho de no saber con certeza el origen de la enfermedad, ni de haberse establecido un control para la cura definitiva o para la prevención radical han hecho que las personas y contextos relacionados con la enfermedad sean señalados frecuentemente bajo el estigma discriminatorio que lleva a la monstruosidad de la enfermedad y, por ende, de los individuos portadores de la misma, transformándola en una epidemia de la significación y del señalamiento social (Rodríguez y García, 2006)

Señalamiento social que para algunas posiciones significa un negocio del cual se lucran las grandes farmacéuticas, al tiempo que se benefician élites políticas promotoras de discursos racistas, homofóbicos y clasistas.

Esto es fundamental si se tiene en cuenta, por ejemplo, que la industria farmacéutica, según Miguel Jara (entrevistado en documental “la ciencia del pánico”, 2011) ha dirigido sus ensayos e intereses hacia países pobres o, por otra parte, han aprovechado los imaginarios que comúnmente se tienen acerca de la sexualidad que, como sabemos, es central para definir la enfermedad por tratarse de una de las vías de contagio.

No es casualidad que en análisis como los de Foucault (2000), encontremos pasajes que ubican, por ejemplo, la sexualidad como un foco de regulación desde el que se han configurado imaginarios, creencias, normas, instituciones, etc. Para este autor

La extrema valoración médica de la sexualidad en el siglo XIX tiene su principio, me parece, en la posición privilegiada que ocupa entre orga-nismo y población, entre cuerpo y fenómenos globales. De ahí también la idea médica de que la sexualidad, cuando es indisciplinada e irregular, tiene siempre dos órdenes de efectos: uno sobre el cuerpo, sobre el cuerpo indisciplinado, que es sancionado de inmediato por todas las enfermedades individuales que el desenfreno sexual atrae sobre sí (…) Pero, al mismo tiempo, una sexualidad desenfrenada, pervertida, etcétera, tiene efectos en el plano de la población, porque a quien fue sexualmente disoluto se le atribuye una herencia, una descendencia que también va a estar perturbada, y a lo largo de generaciones y generaciones, en la séptima generación y la séptima de la séptima. (p.228)

Vale aclarar, llegados a este punto, que los factores de riesgo hoy enlistados sobre el VIH y el SIDA no comprenden solamente el contagio por medio de la actividad sexual. Sin embargo es imprescindible subrayar la polémica que este factor revistió a partir de los años 80 con el descubrimiento del virus, ya que, a partir de allí, las afirmaciones que ha sostenido la teoría oficial del VIH = SIDA proliferaron masivamente, especialmente en contra de quienes adoptan conductas “anormales” direccionadas hacia la estigmatización, el rechazo, el desprestigio, etc.

En caso de ser ciertos los planteamientos disidentes, nos encontramos frente a una tarea enorme. Ésta implica no solamente hacer estudios a partir de la medicina; sino también de la investigación social, que nos permitan comprender el contexto de la epidemia a partir del impacto que tiene sobre las poblaciones a través de los medios de comunicación, las campañas publicitarias, el “voz a voz” cuya resonancia, plagada de miedo, incide en los imaginarios acerca de las enfermedades y las relaciones que los individuos tenemos con éstas.

De ahí que mi sugerencia con este artículo sea indagar sobre el tema, hacer frente a los prejuicios y promover lecturas críticas sobre todo cuanto nos es vendido como verdad. Ya que esta enfermedad puede tratarse de un claro ejemplo de aquellas verdades que se han instaurado bajo discursos racistas, homofóbicos, incluso clasistas si se contempla el panorama geográfico que ubica a países en “vías de desarrollo” o “subdesarrollados” entre los mayores índices de propagación del SIDA.

Hay una fuerte costumbre a recibir información sin dudar en lo más mínimo de ésta. La duda es casi “inexistente” porque se ha legitimado una voz periodística, científica, médica, educativa… una voz “experta” cuyos cúmulos de poder han logrado configurar toda una maquinaria sobre la verdad que se reproduce con inercia gracias, en buena medida, a la costumbre humana de depender de únicas verdades y de no atrevernos a ver más allá.

Nota aclaratoria:

Quien escribió este artículo no se acoge a las teorías conspirativas. Su posición, por el contrario, se presenta como una invitación a indagar acerca del virus y la enfermedad que junto a las a información oficiales, también cuenta con información disidente que no está demás revisar. Como es sabido por muchos, las versiones que narran la historia divergen en muchos aspectos e intereses y este caso no es la excepción.

Notas


[1] La información que se proporciona en este artículo sobre este Ron Woodroof sólo corresponde al personaje de la película. Se considera necesaria esta aclaración teniendo en cuenta que la cinta está inspirada en la vida de Ron Woodroof y en la misma ocurren algunas alteraciones que, aparentemente, no son completamente fieles a su historia real.

[2] Sobre estos interrogantes, puede conocer más información en el artículo “¿Por qué abandoné la teoría del VIH como causa del SIDA?”, publicado en la página web de la revista “Discovery y Dsalud”  http://www.dsalud.com/index.php?pagina=articulo&c=416

Referencias


Foucault Michel (2000) Defender la sociedad. Recuperado de http://monoskop.org/images/3/34/Foucault_Michel_Defender_la_sociedad.pdf

Giraldo Roberto (1996) El SÍDA no es una enfermedad infectocontagiosa

http://robertogiraldo.com/esp/articulos/SIDANoEsUnaEnfermedadInfectocontagiosa.html

Giraldo, R. (1996) La industria del SIDA, manipulación de un error científico. Recuperado de     http://www.robertogiraldo.com/esp/articulos/LaIndustriaDelSida.html

Giraldo Roberto (2007) Los agentes estresantes inmunológicos son la verdadera causa del SIDA.

http://robertogiraldo.com/esp/articulos/LosAgentesEstresantes2007.html

Isabel Otaduy y Patrizia Monzan (2011) La ciencia del pánico. [Documental]. Producción independiente. https://vimeo.com/23072086 / Página oficial:  http://www.lacienciadelpanico.tk/

Leung Brent (2009) La casa de los números, anatomía de una epidemia

https://www.youtube.com/watch?v=l6F9edZLUwA

ONUSIDA (2008) Información básica sobre el VIH: http://data.unaids.org/pub/factsheet/2008/20080519_fastfacts_hiv_es.pdf

Rodríguez Martínez, E. y García Gavidia, N. (2006)  Enfermedad y significación: Estigma y monstruosidad del VIH/SIDA. Revista SciElo. 22 (50). Recuperado de http://www.scielo.org.ve/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1012-15872006000200002

En memoria a Eduardo Galeano: sigamos delirando

Nota y selección por: Desorbitadxs

A Eduardo Galeano lo leí por primera vez, en el año 2010, con Patas Arriba: la escuela del mundo al revés. Leer este libro fue toda una revelación en aquel momento. Gracias a éste mi forma de pensar buscó nuevos caminos, confrontó hegemónicas verdades: desmintió supuestas verdades.

La primera vez que leí a Eduardo Galeano, mi pensamiento se sintió afectado (en el buen sentido) y desde ese día agradezco a este pensador por invitarnos a delirar, a soñar, a pensar en la utopía como camino en el cual podemos encontrar las distopías como aquella que, ahora en el caso colombiano, significa la posibilidad de que los jóvenes tengamos opción de decir no al servicio militar obligatorio.

Ha fallecido un gran pensador y maestro, a propósito de tal acontecimiento, sigamos delirando, pues su legado vive:

 EDUARDO

Delirar en voz alta

 

Mensaje de Eduardo Galeano para América Latina

Cartagena de Indias, Julio de 1997

Si el mundo está patas arriba y cabeza abajo ¿por qué no delirar que el mundo vuelva a estar como él quiso cuando todavía no era?

Así que se me ocurrió imaginar ese mundo posible.

Delirar, soñar en voz alta:

En las calles los automóviles serán pisados por los perros, el aire estará limpio de los venenos de las máquinas y no tendrá más contaminación que la que emana de los miedos humanos y de las humanas pasiones.

La gente no será manejada por el automóvil, ni será programada por la computadora, ni será comprada por el supermercado,

ni será mirada por el televisor.

El televisor dejará de ser el miembro más importante de la familia y será tratado como la plancha o el lavarropas.

La gente trabajará para vivir en lugar de vivir para trabajar.

En ningún país irán presos los muchachos por no prestar el servicio militar; sólo irán quienes quieran hacerlo.

Los economistas no llamarán nivel de vida al nivel de consumo, ni llamarán calidad de vida a la cantidad de compra.

Los cocineros no creerán que a las langostas les encanta que las cocinen vivas.

Los historiadores no creerán que a los países les encanta ser invadidos y los políticos no creerán que a los pobres les encanta comer promesas.

El mundo ya no estará en guerra contra los pobres sino contra la pobreza. La industria militar no tendrá más remedio que declararse en quiebra por siempre jamás.

Nadie morirá de hambre porque nadie morirá de indigestión. Los niños de la calle no serán tratados como si fueran basura porque no habrá niños de la calle. Los niños ricos no serán tratados como si fueran dinero porque no habrá niños ricos.

La educación no será privilegio de quienes pueden pagarla, ni la policía será la maldición de quienes no puedan comprarla.

La justicia y la libertad, hermanas siamesas condenadas a vivir separadas, volverán a juntarse, bien pegaditas, espalda contra espalda.

Una mujer negra será presidenta del Brasil y otra mujer negra será presidenta de los Estados Unidos; una mujer india gobernará

a Guatemala y otra a Perú.

En Argentina las “Locas de la Plaza de Mayo” serán un ejemplo de salud mental porque ellas se negaron a olvidar, en el tiempo

de la amnesia obligatoria.

La Santa Madre Iglesia corregirá algunas erratas en las piedras de Moisés: El sexto mandamiento ordenará: “festejarás tu cuerpo”.

El noveno que desconfía del deseo, lo declarará sagrado. La Iglesia también dictará el undécimo mandamiento que se le había olvidado al Señor: “amarás a la naturaleza de la que formas parte.”

Todos los penitentes serán celebrantes y no habrá noche que no sea vivida como si fuera la última, ni un día que no sea vivido como si fuera el primero.

Eduardo Galeano ( Uruguay, 1940 )