Bitácora

Con esta entrada doy apertura a Bitácora, sección dedicada fragmentos escritos que figuran como reflexiones, imágenes, vivencias, etc., en donde encuentro lugar para definir Desorbitados. El primer fragmento lo extraigo de Alejandra Pizarnik, específicamente de su poema 23 contenido en la obra literaria “Árbol de Diana”

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Fotografía por: Desorbitados

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#NiUnaMenos

El luto no es sólo de Argentina. También es un luto latinoamericano; un luto mundial. Un luto que necesita trascender fronteras para hacer real la consigna #NiUnaMenos. Porque no es sólo se trata de Lucía Pérez, sino de Rosa Elvira (caso colombiano) y de muchas mujeres quienes se ven y se han visto amenazadas por una violencia degradada que no las involucra únicamente a ellas.

“Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y corazón guerrero”.

-Alejandra Pizarnik-

8 de marzo: bajo un cielo de fuego


Publicación por: Fabián Bonilla Patiño


“Soy mujer. Y un entrañable calor me abriga cuando el mundo me golpea. Es el calor de las otras mujeres, de aquellas que hicieron de la vida este rincón sensible, luchador, de piel suave y tierno corazón guerrero”.

[Alejandra Pizarnik]

Para el calendario occidental el 8 de marzo comprende un día cuyo título central es “Día de la mujer”. El significado de esta fecha tiene, por lo menos, tres representaciones en disputa:

(i) La más hegemónica, por su propaganda consumista, es patrocinada por varias industrias y empresas que se han encargado de promover el 8 de marzo como una celebración por medio de la producción masiva de de regalos, flores, tarjetas y un sinfín de productos y publicidad para elogiar a la mujer sin contemplar, en lo absoluto, su papel político en los orígenes de esta fecha.

Popularmente este día, contemplado de tal manera, significa un reencuentro familiar, un día de reconocimiento que, infortunadamente, ha llegado a ser uno más en el calendario del común, si se tiene en cuenta que entre las mujeres halagadas cada 8 de marzo, se encuentran aquellas que después de la celebración siguen siendo violentadas, agredidas, esclavizadas, explotadas, subvaloradas, etc.[1]

(ii) Una menos popular pero ampliamente difundida, después de mediados del siglo XX y lo que va del XXI, remite a 1857 en Nueva York, cuando un grupo de mujeres huelguistas (129 aparentemente) fueron incineradas en una fábrica textil por parte de sus patrones.

Lo curioso de esta representación es que sobre ella se sostienen versiones que la ubican en el siglo XIX (1857) y el siglo XX (1910-1911), pues según Gianotti (2004) hubo una confusión entre la publicación de las fechas y sus orígenes contemplan “probablemente”:

(…) Dos huelgas ocurridas en la misma ciudad de Nueva York, pero en otra época. La primera fue una larga huelga real, de modistas, que duró del 22 de noviembre de 1909 a 15 de febrero de 1910.

La segunda (…) otra huelga [que] ocurrió en la misma ciudad en 1911. En esa huelga, de 29 de marzo, fue registrada la muerte, durante un incendio, causado por la falta de seguridad en las pésimas instalaciones de una fábrica textil, de 146 personas, la mayoría mujeres inmigrantes judías e italianas. (p.4)

(iii) Ligada a la anterior, la representación que ubico en tercer lugar, comprende un ambiente político de disputas ideológicas y políticas que no se limitan únicamente a 1857, por cuanto problematizan el origen del 8 de Marzo a raíz del aparente incendio en Estados Unidos, para recordar “(…) las gestas más emblemáticas protagonizadas a inicios del siglo XX, por una generación de mujeres que bajo la égida de los socialismos, anarquismos y sufragismos, reclamaron derechos sociales y políticos en escenarios marcados por guerras y revoluciones” (Portugal A, s.f.).

Con estas tres representaciones tenemos un 8 de marzo cargado de momentos históricos cuyas interpretaciones agrupan un entramado de eventos que al ser deshilvanados en el estudio historiográfico, conducen a ampliar las lecturas para no quedarse con únicas interpretaciones; sino comprender el origen de esta fecha a partir de debates, disputas, conferencias, huelgas; encuentros y desencuentros ideológicos y políticos, etc.

A la luz de nuestros días es importante comprender el origen del 8 de marzo, no sólo por su significado simbólico, sino político, ya que en medio de las gestas que se desarrollaron a lo largo del siglo XX en torno al emblemático día, hoy las mujeres cuentan con logros imprescindibles en las luchas por sus derechos en diferentes esferas.

(…) es un día de recuerdo y de reconocimiento al legado de coraje, sabiduría e independencia que nos entregaron nuestras pioneras. Tenemos la responsabilidad de transmitir esta herencia a las nuevas generaciones de mujeres [y hombres] para decirles que los derechos de los que [hoy gozan las mujeres], fueron ganados duramente a costa de sacrificios, dolor y ostracismo por esas valientes mujeres que se enfrentaron a la incomprensión, el autoritarismo y la maledicencia de la sociedad de su tiempo (Portugal A., s.f.).

Es un día que, además de contemplar eventos políticos de gran valor, contempla, igualmente, la resignificación que con el pasar de los años vienen tomando las mujeres en la historia, el arte, la música, el cine y demás expresiones como la literatura con la cual Desorbitados invita, junto a la información aportada anteriormente, a escuchar la resonancia de lo que yo llamo un cielo de fuego: un cielo donde crepitan las voces de muchas mujeres quienes a través de su labor creadora, han dado un salto más allá de la sumisión y, gracias al legado de las pioneras y personajes que no se ubican únicamente en el siglo XX, han desencadenado sus pensamientos para hacerlos memoria escrita desde la soledad, el placer, la lucha, la denuncia, etcétera.

¡Conmemoremos esta fecha con memoria y poesía!

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Ilustración por Evelina Oliveira.

 

No me digas que las mujeres

no están hechas de la madera de los héroes,

yo toda sola cabalgué sobre vientos

a la Mar del Este durante 300.000 millas.

 

Mis pensamientos poéticos entonces se extendieron,

como una vela entre el océano y el cielo.

Soñé tus tres islas, todas gemas,

todas resplandecientes con la luz de la luna.

 

Me entristezco al pensar en los camellos de bronce,

guardianes de la China, perdidos en espinas.

Avergonzada, no he hecho nada;

ninguna victoria a mi nombre.

 

Sólo hice sudar a mi caballo de guerra.

Contraída porque mi patria

me hace daño en el corazón. Así que dime;

¿como puedo aprovechar mis días aquí?

¿una invitada disfrutando las brisas de primavera?

 

Qiu Jin (China)

 

 

Más allá del olvido

 Alguna vez de un costado de la luna

verás caer los besos que brillan en mí

las sombras sonreirán altivas

luciendo el secreto que gime vagando

vendrán las hojas impávidas que

algún día fueron lo que mis ojos

vendrán las mustias fragancias que

innatas descendieron del alado son

vendrán las rojas alegrías que

burbujean intensas en el sol que

redondea las armonías equidistantes en

el humo danzante de la pipa de mi amor

 

Alejandra Pizarnik

 

 

De perfil

 Te acercas al espejo y ves la cicatriz abierta como un ojo de perro sobre tu mejilla derecha, por ahí respiran los que te acompañaron, los que salieron en desbandada y te dejaron con la mitad de un adiós en la boca que ya no se quiso abrir. Te dejaron pedazos del vestido que llevaba una niña cuando la violaron tres hombres en la esquina de la alegría, allí donde alguien te dio tu primer beso. Das la vuelta y el espejo te enseña el lapo que quedó en la espalda cuando te colgaron de los pies para que vomitaras tu nacimiento. En adelante, tendrás que usar media máscara para salir a la calle. Tendrás que caminar despacio porque tu pierna derecha cojea y la respiración atropellada en tu cuello será una preocupación más. Ya no te volverán a hablar de la muerte, sabrás de ella por la luz en los ojos quietos de tus amigos. No volverás a contar los silencios porque el dolor te partirá una vez más. Se reirán de ti los que ven medio cuerpo en tu puerta y la justicia te volverá a expulsar porque tu bandera es la camisa manchada que cuelgas en tu ventana. No regresarás al espejo, porque te indica la ruina de tus dieciséis años con el mal y en tu frente las predicciones del hombre que cruza firme en un caballo.

Mery Yolanda Sánchez (Colombia)

 

 Soy vertical

 Mejor querría ser horizontal.

No soy un árbol con raíces hondas

en tierra, sorbiendo minerales y amor materno,

refloreciendo así de marzo en marzo,

reluciente, ni orgullo de parterre

blanco de admirativos gritos, muy repintado,

y a punto, ignaro, de perder sus pétalos.

Comparado conmigo es inmortal

el árbol, y las flores más audaces:

querría la edad del uno, la temeridad de las otras.

 

Esta noche, en luz infinitésima

de estrellas, árboles y flores

han esparcido su frescura aulente.

Yo entre ellos me paseo, no me ven, cuando duermo

a veces pienso que me les hermano

más que nunca: mi mente descaece.

Resulta más normal, echada. El cielo

y yo trabamos conversación abierta, así seré

más útil cuando por fin me una con la tierra.

Árbol y flor me tocarán, veránme.

 

Sylvia Plath (Estados Unidos)

 

 

Olga Orozco

 Yo, Olga Orozco, desde tu corazón digo a todos que muero.

Amé la soledad, la heroica perduración de toda fe,

el ocio donde crecen animales extraños y plantas fabulosas,

la sombra de un gran tiempo que pasó entre misterios y entre alucinaciones,

y también el pequeño temblor de las bujías en el anochecer.

Mi historia está en mis manos y en las manos con que otros las tatuaron.

De mi estadía quedan las magias y los ritos,

Unas fechas gastadas por el soplo de un despiadado amor,

La humareda distante de la casa donde nunca estuvimos,

Y unos gestos dispersos entre los gestos de otros que no me conocieron.

Lo demás aún se cumple en el olvido,

Aún labra la desdicha en el rostro de aquella que se buscaba en mí

igual que en un espejo de sonrientes praderas,

y a la que tú verás extrañamente ajena:

mi propia aparecida condenada a mi forma de este mundo.

 

Ella hubiera querido guardarme en el desdén o en el orgullo,

en un último instante fulmíneo como un rayo,

no en el tumulto incierto donde alzo todavía la voz ronca y llorada

entre los remolinos de tu corazón.

No. Esta muerte no tiene descanso ni grandeza.

No puedo estar mirándola por primera vez durante tanto tiempo.

Pero debo seguir muriendo hasta tu muerte

porque soy tu testigo ante una ley más honda y más oscura

que los cambiantes sueños, allá, donde escribimos la sentencia:

“Ellos han muerto ya.

Se habían elegido por castigo y perdón, por cielo y por infierno.

Son ahora una mancha de humedad en las paredes del primer aposento”.

 

Olga Orozco (Argentina)

 

 

 La amante

 Soy la amante

que estrenas,

la nueva, la eterna,

la de muslos trigueños,

columnas seguras

que se abren perfectamente

para dar paso

a tu mar ancho y espeso.

Soy la de paralelas montañas,

erectas, duras,

por donde han caminado

pájaros heridos de amor.

 

Soy la amante nocturna,

la de noctámbulos besos,

( mis ojos, túneles profundos

donde se pierde la soledad).

 

Soy la de siempre, la eterna,

la que te arranca el hastío

de cada costado,

la que se tiende plácidamente,

la que se para,

la que te sorprende,

la que se quita las vestiduras

y se lava en tu río claro.

Soy la que te crucifica

con mis ojos, con mi lengua,

la que se pierde

en tu mirada lela,

la que infatigable

recorre tu cuerpo,

la que vibra con devoción

en tu silencioso mundo.

Soy ella, la eterna,

la antigua, la nueva,

la de siempre

la que se cierra

la que se abre

la de ambivalentes tardes.

Soy la que renace,

la que se abre

la que se cierra.

Orietta Lozano (Colombia)

 

 

Embriaguez

 En jarros tallados en nácar

apuro un licor ignorado…

Tal vez ni del Rhin en las cavas

pudiera mi sed encontrarlo.

 

Con una embriaguez de rocío,

borracha de incógnitos hálitos,

tabernas de azul diluido

recorro en perpetuos veranos.

 

Cuando las abejas

y las mariposas,

agobiadas, ebrias,

vuelen de las pomas,

aún libaré yo mi vaso

de extraño licor…

Hasta que los ángeles

me agiten su níveo penacho,

y a los ventanales

celestes se asomen los santos

para contemplarme

borracha de azul y de sol.

 

Emili Dickinson (Estados Unidos)

 

 A media voz

la lentitud es belleza
copio estas líneas ajenas
respiro
acepto la luz
bajo el aire ralo de noviembre
bajo la hierba
sin color
bajo el cielo cascado
y gris
acepto el duelo y la fiesta
no he llegado
no llegaré jamás
en el centro de todo
esta el poema intacto
sol ineludible
noche sin volver la cabeza
merodeo su luz
su sombra animal
de palabras
husmeo su esplendor
su huella
sus restos
todo para decir
que alguna vez
estuve atenta
desarmada

sola casi
en la muerte
casi en el fuego

Blanca Varela (Perú)

 

Notas


 [1] Valga aclarar que esta anotación no se hace acá con el fin de satanizar la fecha. Por el contrario, su propósito es denunciar la hipocresía de algunas personas a la hora de acercarse a ésta con supuestos halagos reducidos a un día en el que se regala una flor que se marchita tras la parafernalia que se produce en medio de la celebración.

 

Referencias


 

Portugal Ana María (s.f.) Día internacional de la mujer. Memoria y compromiso:

http://www.memch.cl/Historiadel8demarzo.pdf

Gianotti Vito (2004) El verdadero origen del 8 de marzo, día internacional de la mujer trabajadora.

http://www.apse.or.cr/NUEVA_WEB/Cuerpo/secretarias/8marzo/origen.pdf

La mayoría de los poemas publicados en este artículo, han sido tomados del portal de poesía “A media voz”.

Sugerencia literaria: “La condesa sangrienta” – Alejandra Pizarnik

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Ilustración por: Santiago Caruso.

Fragmento:

“La perversión sexual y la demencia de la condesa Báthory, son tan evidentes que Valentine Penrose se desentiende de ellas para concentrarse exclusivamente en la belleza convulsiva del personaje; inscribe el reino subterráneo de Erzsébet Báthory en la sala de torturas de su castillo medieval: allí la siniestra hermosura de las criaturas nocturnas se resume en una silenciosa palidez legendaria, de ojos dementes, de cabellos del color suntuoso de los cuervos. Sentada en su trono la condesa mira torturar y oye gritar sus viejas y horribles sirvientas, son figuras silenciosas que traen fuego, cuchillos, agujas, atizadores que torturan muchachas que luego entierran”

Programa sobre el libro:

Visiones…

“Una mirada desde una alcantarilla puede ser una visión del mundo” escribió Alejandra Pizarnik en uno de sus poemas. Cuando yo leo ese poema y observo esta fotografía pienso que una mirada sumergida, además de ser una visión del mundo, es un sentido del mundo; una visión inmersa sobre los enigmas del cuerpo y el mundo… una visión desorbitada.

¡Buenas tardes!

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Sobre la fotografía:

“World’s youngest swimmer” (publicada por la Revista LIFE en el año 1954). Detalles: http://time.com/3690587/this-9-week-old-water-baby-was-the-worlds-youngest-swimmer/

Un árbol ha sido testigo, quizá un espejo….

Nota y selección por: Desorbitados

Un árbol ha sido testigo del surrealismo con el cual la autora, Alejandra Pizarnik, construyó su laberinto poético: una espiral de encuentro con la muerte; un jardín, un paraíso onírico; una voz en agonía que atraviesa de principio a fin el camino nebuloso de su prosa y su poesía.

Quizá un espejo también es testigo; un todo de objetos y sus posibles metáforas ante los cuales la autora no sucumbe sin antes jugar con ellos, sobre todo con el cruce que produce su yo existencial y literario al conjugarse, por ejemplo, con personajes como Alicia (de Lewis Carroll).

Ilustración de Rebecca Dautremer

Ilustración de Rebecca Dautremer

En esta oportunidad Desorbitados invita a visitar el laberinto poético de Alejandra, en conjunción con el mundo de Alicia… aquí un aparte de su prosa:

EL HOMBRE DEL ANTIFAZ AZUL

 Lo que no es, no es.

                  Heráclito

La caída

A. empezaba a cansarse de estar cansada sin nada que hacer.

No hace nada pero lo hace mal, recordó.

Un hombrecillo de antifaz azul paso corriendo junto a ella.

A. no considero extraordinario que el hombrecillo exclamara: -los años pasan; voy a llegar tarde.

Sin embargo, cuando el enmascarado saco de un bolsillo una pistola, y después de consultarla como a un reloj acelero el paso, A. se incorporo, y ardiendo de curiosidad, corrió detrás del ocultado, llegando con el tiempo justo de verlo desaparecer por una madriguera disimulada. Inmediatamente, entró detrás él.

La madriguera parecía recta como un túnel, pero de pronto, y esto era del todo inesperado, torcía hacia abajo tan bruscamente que A. se encontró cayendo -como aspirada por la boca del espacio- por lo que parecía ser un pozo.

O el pozo era muy hondo o ella caía con la lentitud de un pájaro, pues tuvo tiempo, durante la caída, de mirar atentamente a su alrededor y preguntarse qué iba a suceder a continuación (¿a caso el encuentro del suelo con su cabeza?). Primero trato de mirar hacia abajo, para informarse del sitio donde iba a caer, pero la oscuridad era demasiado intensa; después miró a los lados y observó que las paredes del pozo estaban cubiertas de armarios llenas de objetos. Vio, entre otras cosas, mapas, bastones de caramelos, manos de plata asidas a un piano, monóculos, bracitos de muñecos, guantes de damas antiguas, un astrolabio, un chupete, un cañón, un caballo pequeñísimo espoleado por un San Jorge de juguete embistiendo a un dragón de plexiglás, un escarabajo de oro, un caballo de calesita, un dibujo de la palma de la mano de Lord Chandos, una salamandra, un niña llorando a su propio retrato, una lámpara para no alumbrar, una jaula disfrazada de pájaro… En fin, tomó de uno de los estantes una caja negra de vidrio pero comprobó, no sin decepción, que estaba vacía. No queriendo tirar la caja por miedo de matar a alguien que estuviera más abajo, la tiró igual.

-Después de una caída así, rodar por una escalera no tendría ninguna importancia- pensó.

Evocó escaleras, las más desgastadas, a fin de convocar muertos y otros motivos de miedos nocturnos. Pero se sentía valiente y no podía no recordar este verso: La caída sin fin de muerte en muerte.

¿Es que no terminaría nunca la caída? Seguía cayendo, cayendo. No le era dado hacer otra cosa. Recordó:

…Caen

los hombres resignados

ciegamente, de hora en hora, como agua de una peña arrojada

a otra peña, a través de los años,

en lo incierto, hacia abajo.

A. Comenzaba a sentir sueño; mientras seguía cayendo se escucho preguntar:

-¿Y qué pasa si uno no se muere? ¿Y qué muere si uno no se pasa?

Como no podía contestarse a ninguna de las preguntas, tanto daba formular una que otra. Sus ojos se cerraron y soñó que conducía un camión de transporte de antifaces.

De repente, se estrelló contra un colchón. La caída había terminado.

El centro del mundo

A. miró hacia arriba: todo estaba muy oscuro. Ante ella había otro túnel con el hombrecillo corriendo. Tuvo tiempo de oírlo exclamar:

-¡Por mi verga alegre, es tardísimo!

Un segundo después, el enmascarado había desaparecido. A. se encontró, de súbito, en una habitación llena de puertas, pero todas cerradas, como lo supo cuando las hubo probado una tras otra. De pronto descubrió en su mano una llave de oro. Su intento de abrir con ella alguna puerta resultó vano. Sin embargo, al volver a recorrer la habitación, advirtió otra puerta verde de unos cincuenta centímetros de altura. Con alegría, a caso con incredulidad, notó que la llavecita entraba en la cerradura (…cuando tu llave de oro cantó en mi cerradura, recordó).

Abrió la puerta verde y vio un pasillo no mayor que una bañera para pájaros. Por un hueco en forma de ojo, miró el bosque en miniatura más hermoso que pueda ser imaginado (teniendo en cuenta los poderes supremos de la imaginación). Nada deseo más que introducirse por aquel hueco y llegar hasta esas estatuas de colores junto a la fuente de fresca agua prenatal, pero como no era posible, A. deseó reducirse de tamaño.

-Estoy segura de que hay algún medio -dijo.

Tantas cosas habían ocurrido desde que nació, que A. no creía ya que hubiese nada imposible ni, tampoco, nada posible.

Esperar frente a la puerta verde era inútil. Volvió junto a la mesa, esperando encontrar en ella alguna mano (o un guante, aunque fuera) que le estuviese tendido un papel con instrucciones de cómo se hace para que la gente empequeñezca y pueda entrar en un bosque. Pero sólo encontró una botella que un poco antes no estaba allí y que tenía una etiqueta con estas palabras: Bébeme y serás la otra que temes ser.

-Sí -dijo, Y bebió largamente hasta vaciar la botella.

-¡Qué sensación psicodélica! -exclamo A.-. Debo de estar achicándome como un toro observado desde muy lejos por un pajarito miope que se quitó los anteojos.

La estatura de A. se había reducido a unos veinte centímetros.

El corazón se le iluminó al pensar que el tamaño de su cuerpo era el necesario para llegar al bosque.

Y es un pequeño lugar perfecto aunque vedado. Y es un lugar peligroso. El peligro consistiría en su carácter esencialmente ingenuo y fluido, sinónimo de las más imprevistas metamorfosis, puesto que el espacio deseado, así como los objetos que encierra, están sometidos a una incesante serie de mutaciones inesperadas y rapidísimas.

A. estaba segura de que su estado de pequeñez actual valía la pena. Sabía que los caminos que llevan al centro son variadamente arduos: rodeos, vueltas, peregrinaciones, extravíos de laberintos. Por eso el centro (que en este cuento es un bosque en miniatura) configura un espacio cualitativamente distinto del espacio profano. En cuanto al tiempo… pero aquí dejó de pensar porque se dio cuenta de que se había olvidado la llave. Al volver a la mesa en su busca no le fue posible alcanzarla. Intento encaramarse por una de las patas pero cuando se hubo cansado de hacer pruebas inútiles y de compararse con Gregorio Samsa, se sentó en el suelo y se echo a llorar. A orillas del Lemán me senté y lloré…

-Pero si no hay ante quién llorar… -dijo.

De pronto su mirada se detuvo en una botella que yacía debajo de la mesa con una etiqueta sobre la cual estaba escrito: Bébeme y verás cosas cuyo nombre no es sonido ni silencio.

-Si esto me hace crecer -dijo A.- alcanzaré la llave y si me empequeñece, podré pasar por debajo de la puerta. Con tal de llegar al bosque no me importa lo que me pase.

Bebió un sorbo. Sorprendida, noto que su cuerpo permanecía igual a sí mismo. ¿Cómo era posible? Ella esperaba cosas tan maravillosas que lo habitual le resultaba extraño y hasta grotesco. Decidió arriesgarse del todo y bebió enteramente el contenido de la botellita. Pensó que el destino aprecia la monotonía puesto que la dicha o el infortunio del hombre a menudo cabe en una botella.

Ilustración de Rebecca Dautremer

Ilustración de Rebecca Dautremer

Cuando nada pasa

-Me estoy alargando como un poema dedicado al océano -dijo-. Ignoro adónde van mis pies (los vio alejarse hasta perderse de vista).

Simultáneamente, su cabeza rompió el techo y tropezó con la copa de un árbol. Ya media tres metros. Fiel a su deseo más profundo, se adueñó de la llave y abrió la puerta verde. Pero todo lo que pudo hacer fue mirar el pasillo. En cuanto a atravesarlo ¿qué más difícil para una giganta? De nuevo se echó a llorar.

(Lloro porque no puedo satisfacer mi pasión…, recordó.) Prosiguió derramando lágrimas hasta que a su alrededor se formo una laguna.

-Puesto a que se formó por culpa de mi falta de armonía con el suceder de las cosas, la llamaré: Laguna de la Disonancia.

Dijo, y se le ocurrió este poema:

Tendremos un buque fantasma

Para ir al campo

Y tendremos un sueño para el invierno

Y otro para el verano

Lo cual suma dos sueños.

Nadie escuchaba sus versos.

-Sucede que una se cansa de estar sola -dijo-. Quisiera ver otras personas, aunque fuera gente sin cara.

Relaciones sociales

A. se acariciaba la mano derecha con la mano izquierda, lo que la obligó a mirarlas y a descubrir que estaba reduciéndose.

Otra vez dueña de un cuerpo minúsculo, corrió a la puertita: otra vez se encontró con que estaba cerrada y la llave, como antes, sobre la mesa. Al pensar en Nietzsche y en el tiempo circular, resbalo y se hundió en agua salada. Creyó haber caído en el mar; poco duro en saber que se hallaba en la Laguna de la Disonancia. Se puso a andar en busca de una playa. Dijo:

-Este será mi castigo: ahogarme en mis propias lágrimas. ¿Por qué lloré? (J’ai tant cherché á lire dans mes ruisseaux des larmes, recordó.)

Oyó caer algo en el charco, y nadó hacia allí; creyó que sería un submarino o una ballena, pero recordó a tiempo lo pequeña que era. Así, comprobó que se trataba de una muñeca. Acercándose a ella, le pregunto:

-¿Sabría usted decirme la manera de salir de este charco?

La muñeca le dirigió una mirada llena de reproches pero no contestó.

Segura de que había ofendido misteriosamente a la muñeca, A. se apresuró a disculparse.

-Si lo prefiere, no hablemos más.

-¿Hablemos? -dijo la muñeca-. ¡Como si yo hubiese hablado! Sepa que en mi familia se odia a los que hacen preguntas.

A. se apresuro a decir:

-¿Te… te… gustan las muñecas? ¡Oh! me parece que he vuelto a preguntarte.

Y es que la muñeca se alejaba de ella nadando con todas sus fuerzas.

A. la llamó:

-Querida muñeca, por favor vuelve y no hablaremos más.

La muñeca pareció meditar; luego dio media vuelta y nadó hacia A. Al llegar junto a ella le dijo: -Nademos hacia la orilla, en donde hablaremos, aun si no se debe ni se puede.

Notas: 

Texto por: Alejandra Pizarnik

Ilustraciones por: Rebecca Dautremer

En este árbol recaba la memoria: ‘Árbol de Diana’.

Nota y selección por: Desorbitados

Poema 

Tú eliges el lugar de la herida

en donde hablamos nuestro silencio.

Tú haces de mi vida

esta ceremonia demasiado pura.

 

Alejandra Pizarnik,

de los trabajos y las noches (1965)

 

Es un placer compartir una de las obras completas de Alejandra Pizarnik, ahora de cumplirse un nuevo año tras su nacimiento (29 de abril de 1936).  En este árbol recaba la memoria: Árbol de Diana. Silencio, naufragio literario, susurro en la soledad; voz en agonía desde la raíz, hasta el filo de las hojas donde se despiden las gotas anunciando su caída.

Junto a los poemas, Desorbitados comparte el prólogo de Octavio Paz (abril de 1962) para el poemario:

Árbol de Diana de Alejandra Pizarnik. (Quím.): cristalización verbal por amalgama de insomnio pasional y lucidez meridiana en una disolución de realidad sometida a las más altas temperaturas. El producto no contiene una sola partícula de mentira. (Bot.): el árbol de Diana es transparente y no da sombra. Tiene luz propia, centelleante y breve. Nace en las tierras resecas de América. La hostilidad del clima, la inclemencia de los discursos y la gritería, la opacidad general de las especies pensantes, sus vecinas, por un fenómeno de compensación bien conocido, estimulan las propiedades luminosas de esta planta. No tiene raíces; el tallo es un cono de luz ligeramente obsesiva; las hojas son pequeñas, cubiertas por cuatro o cinco líneas de escritura fosforescente, peciolo elegante y agresivo, márgenes dentadas; las flores son diáfanas, separadas las femeninas de las masculinas, las primeras axilares, casi sonámbulas y solitarias, las segundas en espigas, espoletas y, más raras veces, púas. (Mit. y Etnogr.): los antiguos creían que el arco de la diosa era una rama desgajada del árbol de Diana. La cicatriz del tronco era considerada como el sexo (femenino) del cosmos. Quizá se trata de una higuera mítica (la savia de las ramas tiernas es lechosa, lunar). El mito alude posiblemente a un sacrificio por desmembración: un adolescente (¿hombre o mujer?) era descuartizado cada luna nueva, para estimular la reproducción de las imágenes en la boca de la profetisa (arquetipo de la unión de los mundos inferiores y superiores). El árbol de Diana es uno de los atributos masculinos de la deidad femenina. Algunos ven en esto una confirmación suplementaria del origen hermafrodita de la materia gris y, acaso, de todas las materias; otros deducen que es un caso de expropiación de la sustancia masculina solar: el rito sería sólo una ceremonia de mutilación mágica del rayo primordial. En el estado actual de nuestros conocimientos es imposible decidirse por cualquiera de estas dos hipótesis. Señalemos, sin embargo, que los participantes comían después carbones incandescentes, costumbre que perdura hasta nuestros días. (Blas.): escudo de armas parlantes. (Fís.): durante mucho tiempo se negó la realidad física del árbol de Diana. En efecto, debido a su extraordinaria transparencia, pocos pueden verlo. Soledad, concentración y un afinamiento general de la sensibilidad son requisitos indispensables para la visión. Algunas personas, con reputación de inteligencia, se quejan de que, a pesar de su preparación, no ven nada. Para disipar su error, basta recordar que el árbol de Diana no es un cuerpo que se pueda ver: es un objeto (animado) que nos deja ver más allá, un instrumento natural de visión. Por lo demás, una pequeña prueba de crítica experimental desvanecerá, efectiva y definitivamente, los prejuicios de la ilustración contemporánea: colocado frente al sol, el árbol de Diana refleja sus rayos y los reúne en un foco central llamado poema, que produce un calor luminoso capaz de quemar, fundir y hasta volatilizar a los incrédulos. Se recomienda esta prueba a los críticos literarios de nuestra lengua.

Fotografía pro: Sara Facio

1
He dado el salto de mí al alba.
He dejado mi cuerpo junto a la luz
y he cantado la tristeza de lo que nace.

2
Estas son las versiones que nos propone:
un agujero, una pared que tiembla…

3
sólo la sed
el silencio
ningún encuentro
cuídate de mí amor mío
cuídate de la silenciosa en el desierto
de la viajera con el vaso vacío
y de la sombra de su sombra

4

Ahora bien:
Quién dejará de hundir su mano en busca
del tributo para la pequeña olvidada. El frío
pagará. Pagará el viento. La lluvia pagará.
Pagará el trueno.

5
por un minuto de vida breve
única de ojos abiertos
por un minuto de ver
en el cerebro flores pequeñas
danzando como palabras en la boca de un mudo

6
ella se desnuda en el paraíso
de su memoria
ella desconoce el feroz destino
de sus visiones
ella tiene miedo de no saber nombrar
lo que no existe

7
Salta con la camisa en llamas
de estrella a estrella,
de sombra en sombra.
Muere de muerte lejana
la que ama al viento.

8
Memoria iluminada, galería donde vaga
la sombra de lo que espero. No es verdad
que vendrá. No es verdad que no vendrá.

9
                                          A Aurora y Julio Cortázar

Estos huesos brillando en la noche,
estas palabras como piedras preciosas
en la garganta viva de un pájaro petrificado,
este verde muy amado,
este lila caliente,
este corazón sólo misterioso.

10
un viento débil
lleno de rostros doblados
que recorto en forma de objetos que amar

11
ahora
         en esta hora inocente
yo y la que fui nos sentamos
en el umbral de mi mirada

12
no más las dulces metamorfosis de una niña; de seda
sonámbula ahora en la cornisa de niebla

su despertar de mano respirando
de flor que se abre al viento

13
explicar con palabras de este mundo
que partió de mí un barco llevándome

14
El poema que no digo,
el que no merezco.
Miedo de ser dos
camino del espejo:
alguien en mí dormido
me come y me bebe.

15
Extraño desacostumbrarme
de la hora en que nací.
Extraño no ejercer más
oficio de recién llegada.

16
has construido tu casa
has emplumado tus pájaros
has golpeado al viento
con tus propios huesos
has terminado sola
lo que nadie comenzó

17
Días en que una palabra lejana se apodera de mí. Voy por esos días
sonámbula y transparente. La hermosa autómata se canta, se encanta,
se cuenta casos y cosas: nido de hilos rígidos donde me danzo y me
lloro en mis numerosos funerales. (Ella es su espejo incendiado, su
espera en hogueras frías, su elemento místico, su fornicación de nom-
bres creciendo solos en la noche pálida.)

20
                                                       a Laure Bataillon

dice que no sabe del miedo de la muerte del amor
dice que tiene miedo de la muerte del amor
dice que el amor es muerte es miedo
dice que la muerte es miedo es amor
dice que no sabe

21
he nacido tanto
y doblemente sufrido
en la memoria de aquí y de allá

22
en la noche
un espejo para la pequeña muerta
un espejo de cenizas

23
una mirada desde la alcantarilla
puede ser una visión del mundo
la rebelión consiste en mirar una rosa
hasta pulverizarse los ojos

32
Zona de plagas donde la dormida come lentamente
su corazón de medianoche.

33
alguna vez
               alguna vez tal vez
me iré sin quedarme
              me iré como quien se va
34
la pequeña viajera
moría explicando su muerte

sabios animales nostálgicos
visitaban su cuerpo caliente

35
                                   a Ester Singer

Vida, mi vida, déjate caer, déjate doler, mi vida, déjate enlazar de fuego,
de silencio ingenuo, de piedras verdes en la casa de la noche,
déjate caer y doler, mi vida.

37
más allá de cualquier zona prohibida
hay un espejo para nuestra triste transparencia

38
Este canto arrepentido, vigía detrás de mis poemas’
este canto me desmiente, me amordaza.

Notas

*La fotografía adjunta en esta nota fue tomada por Sara Facio.