Poe…

La influencia de Edgar Allan Poe no sólo en la literatura, sino en diversos campos creativos es indiscutible. Una prueba que constata aquella afirmación la tiene Desorbitados en forma de Encuentros Delatores (publicación sobre E.A.Poe).

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Encuentros delatores

Nota por: Fabián Bonilla.

Cuando escucho una canción, observo una pintura, una fotografía o cualquier otra creación hecha arte, no puedo hacer frente a la inquietud que me provocan. Me ha sucedido con la poesía de Olga Orozco, algunos poemas y cuentos de Jorge Luis Borges, el deleite que me produce la escritura de Cortázar y la seducción que, inevitablemente, se pone en mi camino cuando soy partícipe de encuentros delatores.

En uno de aquellos encuentros el cómplice ha sido Edgar Allan Poe. Este escritor estadounidense ha provocado explosiones de creatividad a través de múltiples artistas y expresiones; su influencia es de profundas dimensiones y su legado literario ha adquirido un valor tan importante, que no es exagerado afirmar que se trata de uno de los escritores más importantes de esta Tierra.

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Ilustración por: Pablo Bernasconi

Mi primer encuentro con sus escritos, fue una inmersión en la trágica historia de “El Gato Negro”; luego de leer ese cuento, me encaucé hacia una narración policial que, literalmente, hizo eco a mis latidos: “El corazón delator”. No me detuve allí y, desde mi embarcación en la lectura de sus cuentos, quedé atrapado por la magnificencia de sus narraciones, cuyos cálculos de composición delatan una mente brillante, un ser cuya oscuridad cimentó un camino de escritura que, a la luz de este siglo, no ha dejado de ser testigo de la errante resurrección en la sombría mansión que me ha llevado a recorrer estas habitaciones:

Cronopio

En ésta se encuentra Julio Cortázar quien, con especial dedicación, aceptó traducir las obras en prosa de Poe. Juiciosamente este escritor cuidó cada detalle en este trabajo y legó al mundo hispanohablante excelentes traducciones.

En la habitación tiene un cuadro enmarcado con estas palabras:

(…) Ha sido una de las cosas que he hecho con más gusto en este mundo, en esta vida: traducir a Poe…”[1].

Alguien sueña

En esta habitación hay muchos espejos; en el fondo, sentado en un sillón, se encuentra Jorge Luis Borges. Sobre la relación de este escritor con Poe, conozco especialmente el poema titulado: “Edgar Allan Poe”. Se dice que también ha escrito varios ensayos y artículos sobre  éste.

Mientras me acerco a acariciar el lomo del gato que le acompaña, Borges parafrasea:

“(…) Poe indisolublemente pertenece a la historia de las letras occidentales, que no se comprenden sin él. También, y esto es más importante y más íntimo, pertenece a lo intemporal y a lo eterno…”[2]

Maternidad

Ingreso a esta habitación en la que me encuentro directamente con un retrato de Andrés Caicedo… no hay nadie; pero de fondo se oye “Kosmic Blues” y sobre la mesa se encuentra un papel con estas palabras: este escritor colombiano partió de este mundo material a los 25 años  y no dudó en dejar una obra literaria cuyas influencias tienen como referencia la obra Poe.

La gallina degollada

Como en la habitación de Caicedo, en ésta también hay un retrato, ¿de quién?: de Horacio Quiroga. Junto al retrato hay una copia del cuento “La gallina degollada” y un cuadernillo de notas donde se puede leer: los cuentos de Quiroga son reflejo de la elegía que se traduce en literatura para atizar los lamentos y configurar mundos sombríos, sanguinolentos… no cabe duda de la influencia de Poe en la obra de éste escritor uruguayo.

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Ilustración sobre el cuento “La Gallina degollada”, encontrada en: Entrecomics

***

Termina mi recorrido por las habitaciones principales, voy hacia la cocina y tomo un poco de agua; luego me dirijo hacia la biblioteca. Allí se reserva lugar a un pequeño museo que expone las ilustraciones de Gustave Doré; éstas están inspiradas en el poema “El Cuervo”:

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Tras observar las ilustraciones, continúo por un pasillo que conduce hacia las habitaciones ubicadas en el sótano de la mansión:

Letanías

Ésta es una habitación grande, proporcional a la obra de quien la habita. Está decorada con telas rojas y negras; al fondo –sobre una pequeña tarima- Diamanda Galás me recibe tocando el piano.

Ella es una dama de tinieblas quien, sin pudor y con la particularidad de sus letanías musicales, guardó lugar en sus composiciones a cuentos como “la máscara de la muerte roja”. Escucharla es toda una osadía, pues es inusual acudir impávidos ante vociferaciones melódicas cuyas interpretaciones dejan inquietudes delatoras de paisajes de inframundo.

Edgar Allan Poe

En esta mansión no puede hacer falta una habitación con el nombre del cómplice de estos encuentros delatores. El nombre no obedece simplemente al autor, sino a una agrupación italiana quien inspirada en Poe, lanza en 1974 un álbum titulado Generazioni, el cual hoy hace parte de los archivos musicales del rock progresivo.

Lullaby

La siguiente habitación está llena de telarañas, gatos y  la presencia de varios hombres. Estos se encuentran tocando la canción Just Like Heaven, inspirada en el poema “Annabel Lee”.

Comparto un rato con la agrupación y propongo que se reproduzca un par de veces la canción. Más tarde me despido de ellos, para continuar hacia la habitación en la cual finaliza mi recorrido de hoy.

Para hacer un talismán.

Esta habitación es muy especial, aquí vive, en compañía de su gata Berenice, la poetisa Olga Orozco. A esta mujer guardo mucho respeto, la admiro por la exquisitez y la mística de su poesía que, para el caso que nos convoca, aguarda un juego intertextual en sus “Cantos a Berenice”.

XVIII

Se descolgó el silencio,

sus atroces membranas desplegadas como las de un

murciélago anterior al diluvio,

su canto como el cuervo de la negación.

Tu boca ya no acierta su alimento.

Se te desencajaron las mandíbulas

igual que las mitades de una cápsula inepta para encerrar

la almendra del destino.

Tu lengua es el Sahara retraído en penumbra.

Tus ojos no interrogan las vanas ecuaciones de cosas y

de rostros.

Dejaron de copiar con lentejuelas amarillas los fugaces

modelos de este mundo.

Son apenas dos pozos de opalina hasta el fin donde se

ahoga el tiempo.

Tu cuerpo es una rígida armadura sin nadie,

sin más peso que la luz que lo borra y lo amortaja en

lágrimas.

Tus uñas desasidas de la inasible salvación

recorren desgarradoramente el reverso impensable,

el cordaje de un éxodo infinito en su acorde final.

Tu piel es una mancha de carbón sofocado que atraviesa

la estera de los días.

Tu muerte fue tan solo un pequeño rumor de mata que se

arranca

y después ya no estabas.

Te desertó la tarde;

te arrojó como escoria a la otra orilla,

debajo de una mesa innominada, muda, extrañamente

impenetrable,

allí junto a los desamparados desperdicios,

los torpes inventarios de una casa que rueda hacia el

poniente,

que oscila, que se cae,

que se convierte en nube.

Seguro Edgar Allan Poe hubiese disfrutado la lectura de sus poemas; también el conjunto de revelaciones que hacen de la obra poética de esta mujer, un lugar donde la oscuridad vislumbra los pasajes de lo oculto.

***

Mi recorrido llega a su fin, dejo una carta de despedida a los habitantes de esta mansión y no descuido en anunciar mi regreso. Ésta es tan grande que pasar por todas sus habitaciones implica el recorrido de más de un día… quizá años. Pues, en ella también habitan Tim Burton, Oscar Wilde, Arthur Rimbaud, Charles Baudelaire, H.P. Lovecraft, Lautréamont, Julio Verne y agrupaciones como Siouxsie and the banshees, entre otros personajes.

¿Se me olvida algo?…

Casi… enhorabuena lo he recordado; el poema “Edgar Allan Poe” escrito por Borges:

Pompas del mármol, negra anatomía
que ultrajan los gusanos sepulcrales,
del triunfo de la muerte los glaciales
símbolos congregó. No los temía.

Temía la otra sombra, la amorosa,
las comunes venturas de la gente;
no lo cegó el metal resplandeciente
ni el mármol sepulcral sino la rosa.

Como del otro lado del espejo
se entregó solitario a su complejo
destino de inventor de pesadillas.

Quizá, del otro lado de la muerte,
siga erigiendo solitario y fuerte
espléndidas y atroces maravillas.

Notas


[1] Palabras a viva voz extraídas de la serie documental “Memoria Iluminada: Julio Cortázar”

[2] Cita tomada del artículo “Edgar Allan Poe”, recuperado en: “La Máquina del tiempo, una revista de literatura”