#8M cinematográfico en Desorbitados

Nota y selección por Fabián Bonilla

El cine es una de las maneras más bellas de compartir y reivindicar las voces que, cada 8 de marzo, se agitan para recordarnos el valor de las luchas emprendidas por incontables mujeres alrededor del mundo.

Para Desorbitados esta fecha no es mínima. Por ello comparte con todos/as ustedes 9 propuestas cinematográficas que reúnen historias femeninas en las cuales se reflejan: el amor, la lucha, el placer, la compasión, la rebeldía, la decisión, la entrega, la reflexión y todas aquellas virtudes y acciones por las que este 8 de marzo adquiere un valor imprescindible en el calendario.

8M desorbitado

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Un drama romántico con cuerpo de Algel-A

Nota y selección por: Fabián Bonilla

¿Con ganas de ver una película? Si te gustan las historias con algo de drama y romance, Cinema Desorbitados te sugiere: Angel-A (2005).

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En esta propuesta cinematográfica del director Luc Besson, nos encontramos con André quien tiene 28 años y no ve más allá de sus problemas. Se trata de un hombre sumergido en un sufrimiento que ha provocado por sí mismo debido a su forma de conseguir dinero fácil e involucrarse con negocios ilegales.

Las exorbitantes deudas ponen a André en una situación desesperante y en medio de la incertidumbre que le agobia piensa en suicidarse. No obstante, su intento es “interrumpido” por Angela y a partir del extraño encuentro con esta mujer, protagoniza una historia que lo lleva a replantear su forma de verse y ver la vida.

Sin entrar en más detalles, les invito a ver Angel-A y les dejo acompañados de la siguiente escena:

 

Otras sugerencias cinematográficashttps://goo.gl/1dwPgp

¡Nueva sección!

A partir de hoy Desorbitados abre nueva sección. Ésta estará dedicada a mis dibujos y publicaciones relacionadas con artes plásticas y visuales. Como apertura comparto mi más reciente dibujo que tiene como protagonista a Ofelia, personaje de la película “El laberinto del fauno”.

Les comento, además, que con este dibujo estoy concursando para ganar una beca en una academia de artes y para lograrla necesito obtener likes. Pueden ayudarme con su like en  esta publicación de facebook.

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Autor: César Fabián Bonilla 
Título: Ofelia
Técnica: Grafito sobre Papel Bond

7 películas para reflexionar acerca de la sexualidad

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Publicación por: Fabián Bonilla 

Las propuestas cinematográficas que abordan temas sobre sectores LGBTIQ[1], vienen ganando lugar como narrativas apropiadas para comprender la complejidad que recubre la sexualidad humana. Gracias a éstas no sólo se reivindica el lugar de las personas que conformamos estos sectores; también la sensibilidad del descubrimiento que cada ser humano emprende desde su nacimiento, hacia el misterioso universo de aquello que aún es considerado tabú.

Entre todas esas propuestas encontramos aquellas que desbordan clichés y presentan a lesbianas, gais, transgénero, etc., basándose en estereotipos que han hecho titánico desprender a la lesbiana del despectivo “machorra”; al gay del perfil “vota pluma”; al transgénero de un lugar indefinido que lo convierte en un fenómeno sin distingo del travesti y, a todos ellos juntos, de los guetos de la anormalidad. A pesar de ello, existen otras propuestas cuyas narrativas trascienden clichés y profundizan en detalles alejados del morbo. Detalles que sitúan las discusiones acerca de este tema en un plano imprescindible.

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Edición fotográfica por: Desorbitados

Para un conjunto de personas éste no es un tema que demande relevancia. El “argumento” más común desde sus posiciones, supone hablar de éste como si se tratara de la imposición una “ideología de género”. Por fortuna tenemos aquellas propuestas que no se circunscriben exclusivamente al cine, pero desde él nos permiten abordar el tema desde un foco cotidiano y confrontar dichos argumentos a través de las vivencias de niños, niñas, jóvenes y personas adultas que han descubierto la sexualidad de variadas maneras.

Hablar de esto es tan importante como hablar de nuestra existencia en términos biológicos. Nuestra sexualidad está presente en cada uno de nuestros ciclos vitales; es la definición de nuestros caminos y la expresión de nuestros deseos más profundos. Es un lugar de descubrimientos que, al ser observado minuciosamente, nos transporta por los misterios de nuestra humanidad.

El cine es una puerta abierta a la posibilidad de hacer esta observación. Una puerta abierta a resolver inquietudes y reflexionar acera de la sexualidad. Por eso #CinemaDesorbitados quiere invitarles a cruzarla y, para ello, propone la siguiente cartelera con 7 películas que no te puedes perder:

1.‘Tomboy’

La primera película de nuestra cartelera tiene como protagonista a Michael. Se trata de un niño que nos introduce en el descubrimiento de su sexualidad, por medio de una historia rodeada de juegos y de ingenuas (no tan ingenuas) exploraciones, junto a su hermana menor, su primer amor y amigos del vecindario.

Con una sencillez fotográfica, Céline Sciamma, directora de esta película, propone un ambiente impregnado de ternura y profunda sensibilidad. ¡Vale la pena dedicarle 82 minutos de nuestro tiempo!

2.’Moonlight’

Con la premiación en la categoría a mejor película en los Óscar de 2017, tenemos en segundo lugar a ‘Moonligth’. Esta propuesta cinematográfica dirigida por Barry Jenkins, recrea con total sutileza el descubrimiento sexual de Chiron. Allí podemos apreciar un tríptico narrativo dividido en la niñez, la juventud y parte de la vida adulta de este chico, quien crece en complejas condiciones de un barrio de Florida en Estados Unidos.

Para Desorbitados es una magnífica sugerencia cinematográfica, ya que ésta conforma la lista de películas que abordan la homosexualidad sin involucrar al espectador en toda la intimidad del personaje. Es una cita apoyada en recursos fotográficos y narrativos cuyos elementos poéticos pueden verse reflejados en la presentación de varias escenas.

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3.‘The Danish Girl’

¿Podría ser esta película una bella metáfora del arte de conocerse a sí mismo?

Serán ustedes quienes interpreten o no aquella metáfora, si deciden encender su pantalla para abrir las puertas de la casa donde ‘La Chica Danesa’ se descubre a sí misma influenciada por el arte; por las ideas de su esposa quien un día le sugiere vestir como mujer con el fin de crear un personaje para sus pinturas.

Este es un descubrimiento profundamente conmovedor. Un descubrimiento sexual que se instala en las pantallas de cine a partir del 2015, en un ambiente danés acompañado por pinceles, lienzos y trajes.

4.‘Laurence Anyways’

Si es de su interés conocer más historias transgénero, un acercamiento interesante lo podemos hallar en Laurence Anyways. En esta película el director canadiense Xavier Dolan recrea la vida de Laurence (profesor de literatura) y su tránsito sexual.

En este tipo de películas conmueve tanto el personaje que hace su tránsito, como sus parejas para quienes también es un crudo proceso. En este caso Fred, la novia de Laurence, será testigo del proceso que vive su novio y de los avatares que lleva consigo una relación amorosa que se ve enfrentada al descubrimiento sexual y los prejuicios sociales.

5.‘Lilting’

Contadas historias acerca de la homosexualidad, se detienen en la relación que tienen las madres con las parejas de sus hijos. Ésta es una de aquellas historias ambientada en un escenario intercultural, en el cual la madre de uno de los protagonistas se verá confrontada al reconocer la identidad sexual de su hijo tras un evento inesperado que la lleva a relacionarse con el novio de éste.

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Se encontrarán frente a una película cálida, conmovedora y amorosa. ¿Valdrá la pena verla? ¡No cabe duda!

  1. ‘The hours’

Tres épocas, tres mujeres y el libro “Mrs. Dalloway” de la escritora Virginia Woolf, configuran la narrativa cinematográfica “The Hours”. En esta cinta vemos de qué manera una misma historia (el libro escrito por Virginia) une a estas tres mujeres quienes aguardan secretos, miedos e impulsos que deshilvanan la distancia de las épocas, y la convierten en un día; en unas horas donde transcurre el drama de la existencia y el cruce de caminos en los laberintos de la identidad.

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Ésta puede ser una perfecta reflexión acerca de la importancia de descubrirse. Para no vivir atragantados, engañados y agobiados por la negación de nuestras identidades sexuales.

 7.’Room in Rome’                                          

Para cerrar esta lista un encuentro erótico nos conduce a una ‘Habitación en Roma’. Allí dos mujeres se sumergen en un ambiente de placer, que seduce con la simplicidad de un encuentro que será refugio de sus secretos.

No son muchos detalles escénicos los que conforman esta película; sin embargo, la complicidad entre las protagonistas, hace de ésta un bello cuadro en movimiento.

¡Hay muchas formas para dejarse seducir, ésta puede ser una de ellas!

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Aquí termina esta cartelera de #CinemaDesorbitados, ¿alguna sugerencia que les gustaría compartir? Dejen sus comentarios.

Por lo pronto deseo disfruten mucho esta cartelera y no duden en compartirla. Seguramente hay entre sus amistades, familia y otras personas, quienes estén interesados en explorar el maravilloso universo de la sexualidad.

¡Hasta un próximo encuentro cinematográfico!

Notas


[1] Lesbias, Gays, Bisexuales, Transexuales, Intersexuales, Queer.


 

Los derechos de esta publicación se encuentran protegidos bajo una licencia de Creative Commons

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Un viaje a las tierras de Alejandría

Nota por: Fabián Bonilla

En medio de una ciudad gobernada por hombres, el siglo IV en Alejandría (Egipto) registra la presencia de una mujer cuya educación fue fundamental para figurar como una personalidad imprescindible en su época. Gracias a la educación influida por su padre y su entorno familiar, construyó un camino que la llevó a destacarse por sus conocimientos en matemática, astronomía y filosofía. Esta mujer es Hipatia y se conoce particularmente por su muerte a manos de cristianos ortodoxos, quienes la asesinaron cegados por el dogmatismo religioso.

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Datos históricos narran la consumación del asesinato de Hipatia en contraste con las acusaciones de las que fue objeto por motivo de sus indagaciones científicas y su filiación al paganismo. No solamente su rol femenino; también sus acciones en plena caída del Imperio Romano fueron motivos en su contra para la conflagración cristiana que ascendía en las tierras de Alejandría, mientras aseguraba la imposición de un único Dios y la depuración de todo conocimiento considerado contrario a la palabra de éste.

En torno a esta muerte hay registros narrativos y audiovisuales que nos invitan a escudriñar no sólo en una historia, sino en las historias de las mujeres que como ella enarbolaron sus acciones en una época profundamente patriarcal. En la historia de Hipatia hallamos el quehacer de una maestra, una filósofa, una matemática, una astrónoma. Una mujer apasionada, cuya valentía representa un baluarte desde el cual podemos visualizar, visibilizar y reivindicar voces y prácticas femeninas.

Su historia la podemos encontrar en libros y, aunque sus producciones escritas…

(…) se han perdido, o han sido [destruidas], hay algunas referencias a [ellas]. Escribió un extenso comentario sobre la Aritmética de Diofanto, que está considerado el padre del álgebra. Colaboró con su padre Teón en la edición revisada de los Elementos de la Geometría de Euclides, escribiendo, además, un tratado sobre esta obra. También es autora de un tratado sobre la Geometría de las Cónicas de Apolonio, a quien se deben los epiciclos y deferentes para explicar las órbitas de los planetas, de un Canon de Astronomía y de una revisión de las Tablas Astronómicas de Claudio Ptolomeo (Mayor Ferrándiz, 2013. pp 20)

Hay mucho por conocer acerca de Hipatia. No cabe duda sobre el impacto que tuvo su paso por este mundo. Actualmente, en 2009 para ser exactos, el director Alejandro Amenábar estrenó Ágora, una propuesta cinematográfica que recrea la vida de esta mujer en un contexto de confrontaciones religiosas, misoginia y raíces patriarcales. Allí se visualiza un escenario en donde se le ve impartir como maestra; como una mujer comprometida con su pasión científica y sus ánimos de promover principios filosóficos con hermandad.

Desorbitados comparte con ustedes esta cinta y la suma a su lista en su sección #CinemaDesorbitados, a propósito del aniversario luctuoso de Hipatia en el mes de marzo y el Día de Internacional de La Mujer, como fechas que coinciden para sumar voces en pro de la defensa de los derechos de las mujeres y la reivindicación de aquellas historias que merecen ser exploradas y narradas de diversas maneras.

PELÍCULA ONLINE AQUÍ

Desde el equipo de Desorbitados deseamos que disfruten este viaje cinematográfico a las tierras de Alejandría y se animen a conocer la lista que tenemos en nuestra sección.

¡Hasta un nuevo encuentro cinematográfico!

Notas


Mayor Ferrándiz Teresa M. ( 20013) Hipatia de Alejandría. El ocaso del paganismo. Publicación realizada en: Revista de Claseshistoria. Publicación digital de Historia y Ciencias Sociales. Attículo N° 406

Memorias Literarias: Andrés Caicedo

Nota por: Fabián Bonilla


Diversos autores se han destacado en la literatura colombiana; diferentes formas literarias han configurado universos narrativos que nos permiten conocer el país a través de sus lugares, su música, su gente, sus realidades. Entre aquellas formas se halla el legado de Andrés Caicedo, un joven que el 4 de marzo de 1977 (a sus 25 años) decidió acabar con su vida, no sin antes dejar algunas novelas, cuentos y propuestas culturales.

Para Desorbitados es importante hacer eco de este autor y, por ello, hoy reivindica su memoria, sugiriendo a ustedes la lectura del cuento “Maternidad”, una de las canciones que recrean el laberinto musical en su obra “Que viva la música” y el documental “Unos pocos buenos amigos”, para conocer algunos momentos de su vida.

***

MATERNIDAD

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A las vacaciones de quinto de bachillerato salimos con un saldo de muertos.

– Es una verdadera tragedia terminar un año marcado por triunfo –la construcción de un nuevo pabellón deportivo por ejemplo– con la desaparición de seis jóvenes que apenas despuntaban la que sería una brillante carrera.

Se lamentó el padre rector, en el discurso de clausura.

Pepito Torres hizo un viaje repentino a Bogotá (faltó a un examen final) y dicen que vino a pie, devorando cuanto hongo mágico encontró a la vera del camino, y al llegar a Cali comenzó a dar escándalo público por la sexta, lo agarraron dos policías sin avisar a sus papás, lo metieron en la radiopatrulla en donde murió como un perro, dándose contra las rejas, exhalando por boca y narices un polvito negro.

Manolín Camacho y Alfredo Campos, los inseparables, se volaron del colegio y fueron a pasar un viernes de tarde deportiva en el Río Pance, hubo crecida, y a los dos días encontraron sus cuerpos “entrelazados”, pero el periódico no explicaba cómo. Tiempo después un campesino encontraría, entre las raíces de un carbonero a la orilla del río, una botella con un manuscrito de Alfredo, redactado compulsivamente: “Vemos como crece el río. Es increíble. Es como si viniera a cobrar venganza por el pasado esplendoroso que le quitaron las modernas urbanizaciones. Pero ruge. Recobra su poder. La idea se nos ha ocurrido ambos. No seremos víctimas en vano. Mejorarán los tiempos. Cogidos de la mano caminamos hacia el río”.

Yo nunca pensé que las cosas mejorarían así no más. Un mes antes de exámenes finales Diego A. Castro (Castrico) salió con su hermano mayor, Julián, a la Bocana del Océano Pacifico. Les encantaba ese mar de agua, arena, cielo, selva y gentes negras. Ambos habían ganado medallas en intercolegiados, departamentales y nacionales de natación. No fueron a ninguna competencia internacional por el uso de las pepas. Así, podían nadar hasta la línea del horizonte, de allí alcanzar la línea que uno podría divisar si llegara al horizonte, y aún la otra. Pero no esa vez. A las pocas brazadas, Julián le resopló que se sentía muy mal, que se devolvía. Castrico, abstraído en sus movimientos parejos sobre las cresticas de cada ola, le dijo que bueno, y siguió nadando. Al regresar, feliz de su inmensa travesía, lo encontró en la playa, muerto, con el pescuezo inflado. Nadie sabe como regresó Castrico a Cali, pero ya se le había atravesado la existencia. Comenzó a buscarle pelea a todo el mundo, en especial a los más amigos de su hermano. Cargó puñal. Viajaba al campo y allá peleaba con machete y ruana envuelta. Lo encerraron en el manicomio y se voló del manicomio reclamando la presencia de su madre. No era más que ella le tuviera al lado su frasco de pepas y Castrico se quedaba calmado, acariciando las flores, jugando con los gatos. Salía a la Sexta una vez cada dos meses, y yo lo veía parado solo, hablando incoherencias sobre todas las mujeres, sonriendo. En la última pepera salió despavorido a buscar pelea, pero murió antes de que se la dieran: quedó como clavado en el suelo, gritó que se le abría el suelo y cayó muerto. Y van cinco.

El sexto, Manolín Camacho, es el que más me duele: mi compañero de pupitre. Solíamos caminar distraídos en los recreos, hablando de paisajes que nos imaginábamos en tres dimensiones de sólo mirar mapas. Nunca había probado ninguna droga, ni en las fiestas bebía. Sólo un sábado. Vaya a saber uno con quién se metió, quién lo invitó, por qué lo vieron recorriendo calles a la velocidad que iba, con la velocidad que iba, con la mirada desencajada, buscando qué, con la piel llena de huecos, insultando ancianas, pateando carros. Murió solo, en un baño cualquiera, esforzándose por vomitar lo que seguro se había tragado inocentemente ahora le cercenaba el cóccix, la próstata, el cerebelo. Le dieron una mezcla de analgésico para caballos y líquido de freno para aviones.

– Es una lástima, una serie así de muertes sin ningún, sin ningún sentido. Decía el padre rector.

Y yo, agarrado a mi asiento, con una rabia inmensa, sabía qué sentido había. Nos habían escogido como primeras víctimas de la decadencia de todo, pero yo no iba a llevar del bulto. “Haré‚ mi afirmación de vida”, pensaba, y no sonreí ni una sola de las seis veces que me llamaron para recibir diplomas de matemáticas, historia, religión, inglés, geografía y excelencia. Miraba a ese público compuesto por curas, alumnos y padres de familia, y recibía los aplausos con apretón de dientes.“Haré‚ mi afirmación de vida”. “¿Que te pasaba?”, me decían los compañeros, luego. “Como si no te gustara el éxito”, y yo, a todos, silencio, y me negué a ir a la fiesta de fin de curso que organizaba Mauricio Gamboa.

A mi casa llegué en el carro de mis padres, entre sus cuerpos blandos. Ya me habían felicitado por tanto triunfo, y no se habló de más en el camino. Yo no me aburrí, pues llovió y me distraje imaginando que las gotas en el parabrisas eran gente, personitas con hombros y cabezas bien formadas, y venían las plumillas y chas, las barrían dejando minúsculas porciones de la primera gota, irrecuperable para siempre.

Esa noche soñé con un viaje en tren por entre campos de mango y trigo, y una muchacha rubia se me acercaba y nos volvíamos uno solo en la alborozada contemplación de esa feliz naturaleza. Luego el tren se metió a un túnel muy negro y desperté, demorándome en identificar como miedo o gozo el sentimiento con que empezaba ese nuevo día.
Antes de almuerzo me llamó el mismo Mauricio a comunicarme que en la fiesta de anoche una pelada, Patricia Simón, se había pegado la gran desilusionada ante mi ausencia, que era la mejor alumna de quinto del Sagrado Corazón y que quería, que se moría por conocerme. Yo le pregunté que entonces cómo. El me indicó que en otra fiesta, esa misma noche. Yo accedí.

Al llegar, no vi más que caras pálidas, poca amistosidad, puertas cerradas, prevención, horrible humo. Muy poca gente bailaba la música Rock que yo jamás aprendí y que hace medio año ponía frenético a todo el mundo. Me alegró ver que los invitados se recostaban en las paredes y nada más oían, con el ánimo ido. Yo me paré en toda la mitad de la pista para no dar aires de vencido, hasta que del fondo, de bien al fondo de esa casa vino a mí una muchacha vestida de rosado y rubia, y haciendo mágico todo el trayecto hacia mí mientras sonreía. Se presentó: “Patricia Simón”,muy tímida me dio la mano, yo se la apreté exageradamente para intimidarla aún más. “Eres muy inteligente”, fue lo primero que me dijo cuando la conduje al patio, puesto que con el volumen de la música no podía oír sus lánguidas palabras de alabanza y devoción por mis conocimientos del Imperio Romano, de la Cordillera Occidental Colombiana, del Misterio de la Transubstanciación. Se respiraba mejor en ese patio acosado por el color azul de la noche que perdía a cuantos jóvenes más allá de nosotros, acorralando –lo supe– a los que buscaban refugio en esa casa.

Yo me sentí libre de la noche, de su muerte, superior a su extravío. Con mucha cautela le comenté a Patricia mis temores sobre la feroz época, y ella -como si fuera su forma peculiar de explicarme que los compartía- me relató un sueño. Soñó que alguien muy amado le regalaba un pastel de fresas su –bocado predilecto– y al irlo a morder no había fresas sino gillettes, alfileres, etcétera, que se le incrustaron en las encías y le remplazaron los dientes, de tal manera que quedó con alfileres en lugar de dientes. “Extraño”, pensé, mirándola, pues sus dientes eran grandes, muy sanos, de encías duras. Ella alzaba la cabeza para mirar a mí o al cielo. Era pequeña, pero fuerte, de buenas espaldas y caderas, ojos azules y largas cejas. “Buena raza”, pensé, y luego “Edelrasse”, observando que tendría como mínimo cuatro dedos de frente, rosada la piel. Resolví “Le haré un hijo a esta mujer”.

El tiempo pasó en el sentido que quiso nuestro amor. De esa fiesta salimos cogidos de la mano, y empezamos a vernos todos los días, y yo le fui llenando la cabeza con cucarachas como Nietzche y Rousseau, y por miles de argumentos la fui llevando a una conclusión sencilla: que la única manera de salvarnos sería trascendiendo en algo. Un día me salió con que le provocaría escribir versos, pero yo le espanté la idea como si fuera un enjambre de moscas: “La poesía es una profesión decadente”, y ella me creyó. Y le ponía cara de moribundo siempre que la miraba a los ojos, y ella apuesto que pensaba: “Lo que haría para hacerte feliz”, y en los cines me le pegaba mucho o suspiraba cada vez que había un pasaje de maternidad, y ella salía conmovida toda, aún sin decirme nada pero ya pensando en la idea de que la única manera de trascender sería quedando preñada y teniendo un hijo.

Lo que la decidió fue precisamente la muerte de Ignacio Moreira, que tuvo una discusión con sus papás, subió corriendo las escaleras y se dio un tiro en la cabeza. Ella vivía al frente, conocía a Ignacio desde chiquito, oyó el disparo, el chapoteo: estuve, pues, de buenas.

Conseguí que me prestaran la finca de la Carretera al Mar, lugar que yo había escogido para que se diera la concepción. Con nosotros subieron varios amigos, pero casi nunca nos mezclábamos. Los días amanecían oscuros y la niebla bajaba temprano, y ella se llenaba de añoranzas y de melancolías, lo que, curiosamente, no le producía impavidez sino movimiento. Caminábamos horas, acercándonos cada vez más al filo de las montañas. Ella resistía el empinadísimo camino sin una queja.

Mi día vino claro, de visibilidad profunda. Nos levantamos con el sol y empezamos a subir, dispuestos a llegar esta vez hasta la cumbre. Los guayabos y los lecheros viraban en múltiples tonos verdes a cada paso que ganábamos, y los pájaros cantaban “pichajué-pichajué”, y todo eso me llegaba como puro presagio y signo de fertilidad.

Hacia las dos de la tarde salvamos la última pendiente de piedras blancas y tuvimos, repentinísimamente, una enloquecedora visión del mar, a miles y miles de kilómetros. El frío de la montaña y el ardor que se contemplaba allá en el mar la llevó a abrazarme, y yo le respondí mejor que nunca. Descubrí sus senos con valentía, chupé su pelo, rasgué con su sangre el pasto yaraguá, pude sentir como sus complicadas entrañas se abrían para darle paso, cabina y fermento a mi espermatozoide sano y cabezón que daría, con los años, testimonio de mi existencia. No creo que ella gozó.

Nos casamos al escondido, toque muy aristocrático para familias como la suya y la mía. Fuimos el matrimonio más joven de la sociedad caleña y salimos mucho en el periódico y la gente nos miraba y nos hicieron muchas fiestas y nosotros respondíamos a todas con actitud calladita y mayor, reflexionando siempre. Con alegría entramos a sexto de bachillerato, comparando y acariciando nuestros libros de texto. A los pocos meses engordó muchísimo y le vinieron los vómitos, así que no pudo volver al colegio y perdió sexto. Yo solamente falté a clase un día: el día en que después de cuatro horas de terquedad y mucho sufrimiento, dejó salir a mi hijo. Nació en un día lluvioso. No nos pusimos de acuerdo con el nombre, pero prevaleció mi opinión: lo llamé Augusto, que hace pensar en porte distinguido y en conciencia de Victoria, siempre.

Fui toda una celebridad en el colegio, padre a los 16 años. Ella no quiso hacer gimnasia y le quedó una barriga arrugada muy fea, y los senos se le hincharon como brevas y después se le cayeron. Recuerdo madrugadas en las que yo abría el ojo solo para hallarme en la física gloria, despertado por el llanto de Augusto, y volteaba a mirarla a ella, despierta desde hace muchas horas con la mirada perdida en el cielo raso, negándose siempre a contestarme en qué era que pensaba. Yo no insistí. Yo había previsto eso. No cuidó bien a nuestro hijo. No quiso tampoco volver al colegio. Le perdió interés a todo, se pasaba los días sin asearse ni asear la casa, mal sentada en una silla, presa de un vacío que supongo debe ser normal después de que uno ha estado lleno y redondo como una naranja ombligona. Yo no la toqué más. Ella tampoco se hubiera dejado.

Al fin, un día salió de la casa, y se demoró en regresar. Hizo amistades nuevas, jóvenes más viejos que ella, y seguía saliendo. Pero falta no me hacía. Yo cumplía puntualmente con mis deberes escolares. Me levantaba temprano, le daba el tetero al niño, cambiaba pañales, barría, trapeaba. Al volver del colegio me la pasaba horas dejando que Augusto me apretara el dedo índice y contemplándole su pipí, lo único que sacó igualito a mí, porque todo lo demás, ojos, pelo y frente eran de ella.

Cuando regresaba, nunca conversábamos. Se tiraba por ahí, sin dormir, o a oír música. Supe que estaba metiendo droga. Me importó un comino. Conseguí una hipodérmica desechable, con mi amigo Gómez un gramo de la mejor cocaína y una noche la esperé. Llegó muy tarde, cayéndose de la borrachera, bajando de todas las trabas. Yo la recibí, le sobé su cabecita hasta que se quedó dormida en mi pecho. Preparé la cocaína, tomé uno de sus brazos, cuando lo estiré y palpé sus buenas venas abrió los ojos y me miró, perpleja. Yo le sonreí. Creo que le inyecté medio gramo, en empujaditas leves. Ella hizo caras y risitas y yo sentí celos: nunca se portó así con mis orgasmos. Luego se levantó y comenzó a saltar por toda la casa, puso el estéreo a todo volumen y a mí no me importó que despertara a Augusto. Yo reí con ella.

Hace días que no la veo. Se fue a paseo creo que a San Agustín, con una manada de gringos. Espero que no vuelva, que se muera o que reciba allá su merecido. Yo he terminado sexto con todos los honores, leo comics y espero con mi hijo una mejor época.

Andrés Caicedo, 1974

 

UNOS POCOS BUENOS AMIGOS – DOCUMENTAL SOBRE ANDRÉS CAICEDO.

¿Los hombres no lloran?

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Nota por: Fabián Bonilla.


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Brandon Teena, joven transgénero de 21 años de edad, fue abusado sexualmente y asesinado en diciembre de 1993 en Nebraska – Estados Unidos. Actualmente su caso es conocido gracias a la película “Boys don’t cry” (1999), inspirada en aquel fatídico mes.

Algo interesante del trabajo cinematográfico que surge al rededor de este caso, además de la actuación y  el tránsito sexual de Brandon, radica en su intención de denuncia. En narrar eventos en los cuales se ven implicadas personas que, como él, desearon y desean construir identidades contrarias al sexo que les fue asignado a partir de su nacimiento.

Películas como ésta se presentan como invitación a reflexionar y resolver interrogantes en torno a los deseos, creencias, ideas y búsquedas de las personas transgénero, quienes a diferencia de otras identidades sexuales, experimentan situaciones que vislumbran la complejidad de la sexualidad y la creciente necesidad de profundizar en este tema, a propósito de lograr la prevención de expresiones de violencia cuyo desencadenante principal subyace en la ignorancia sobre el mismo.

Esta noche #CinemaDesorbitados sugiere la película mencionada. Junto a ella interroga: ¿Los hombres no lloran?

PELÍCULA ONLINE AQUÍ