Encuentros: Alma, las muñecas de Wilcock y el axolotl que inquietó a Cortázar.

Nota por: Desorbitados

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De diferentes maneras nuestras ideas siempre van a encontrarse con otras así no tengamos completa certeza de ello. Puede encontrarse la idea de alguien que viva en el continente asiático, con una de algún habitante del continente africano; puede encontrarse la idea de un escritor reconocido, con la de algún sujeto común; pueden encontrarse muchas ideas que vislumbran enigmas y desatan conjeturas acerca del tamaño de este planeta.

Así pasa con el cuento “Las muñecas” del escritor Juan Rodolfo Wilcock, el axolotl que inquietó a Cortázar y el cortometraje Alma dirigido por Rodrigo Blaas… no conozco de primera mano si el director de este cortometraje ha leído el cuento de Wilcock, mucho menos el de Cortázar; pero lo que sí contemplo con seguridad, es la relación que guardan estas tres expresiones con matices surrealistas materializados en cine y literatura.

¿Qué tal si se sumergen en este museo de imágenes provocadas por esta creación cinematográfica, y su magnífica relación con los cuentos de los escritores argentinos? Les aseguro que se trata de una inmersión que vale la pena experimentar… ¡Empecemos!:

Las muñecas

Es un gran armario de madera de nogal, simple, vertical, al mismo tiempo pesado y elegante, casi un símbolo de la digna estabilidad; por otra parte está siempre cerrado. Por dentro, el armario está dividido con estantecitos, y en cada uno de estos estantes vive una escritora; en realidad son las viejas muñecas que se volvieron escritoras solamente por obra de la inacción, la oscuridad y el aburrimiento. Por esa razón todas llevan trajes coloridos, a menudo los trajes de alguna región o provincia, y la cabeza ligeramente desproporcionada respecto al cuerpo, demasiado aplanada, demasiado en punta o simplemente demasiado voluminosa; salvo una poetisa que la tiene pequeñísima, y esto hace reír mucho a las demás, como si tener la cabeza pequeña fuese más gracioso que tenerla grande.

De todas formas, y como el armario no se abre nunca, y los estantes no permiten otra comunicación que la habitual entre los presos, por medio de golpecitos dados en un sistema convencional, poco a poco casi todas las muñecas se han dedicado a la literatura, y así se volvieron novelistas, poetisas, críticas literarias, críticas teatrales y consultoras de editoriales. Allí dentro todo es un continuo repiqueteo: cada una quiere hacer oír a las otras sus propias obras. Pero éstas son, de más está decirlo, obras de muñecas. Está la novelista con gafas que después de diez años de trabajo consiguió escribir esta novela, titulada Huelga: “Hacía frío. Los obreros hacían huelga. Sobre el más frío el más joven murió de huelga”. Está la dramaturga de vanguardia que cada año presenta la misma comedia en un acto, titulada El otro: “ANA: Dame un beso, Edgardo. EDGARDO: No puedo, amo a otro”. Está la chica teatral que cada semana redacta su veredicto: “Brava la Breva en el papel de Briva”. Y está la poetisa de la cabeza pequeña, la más prolífica de todas, que una vez al mes rehace, cambiando la rima, la misma lírica:

Pobres
los
Pobres.

En la oscuridad, convencidas de su importancia, las muñecas de la cabeza desproporcionada se mueven, toman posturas, amenazan a los gobiernos extranjeros si éstos quisieran seguir persistiendo en el error, y pasan todo el día transmitiéndose sus propias composiciones. En vano, porque ninguna de ellas quiere escuchar lo que escriben las otras, y por otra parte no todas manejan el mismo sistema convencional de golpecitos, así que sus esfuerzos caen inexorablemente en el vacío. A veces alguien se acerca al armario cerrado, acerca la oreja a las puertas de nogal, y comenta: “¡Pero este armario está lleno de ratones!” Por eso nadie quiere abrirlo.

Juan Rodolfo Wilcock

Alma

“Empecé viendo en los axolotl una metamorfosis que no conseguía anular una misteriosa humanidad. Los imaginé conscientes, esclavos de su cuerpo, infinitamente condenados a un silencio abisal, a una reflexión desesperada. Su mirada ciega, el diminuto disco de oro inexpresivo y sin embargo terriblemente lúcido, me penetraba como un mensaje: «Sálvanos, sálvanos». Me sorprendía musitando palabras de consuelo, transmitiendo pueriles esperanzas. Ellos seguían mirándome inmóviles”

(Axololt – Julio Cortázar)

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7 pensamientos en “Encuentros: Alma, las muñecas de Wilcock y el axolotl que inquietó a Cortázar.

  1. Q.M. dice:

    ¡Excelente entrada! El corto de Alma no lo conocía, muy bello, y sí, ciertamente hay un nexo entre las tres obras. Da mucho que pensar tu reflexión al inicio. Recientemente escuchaba a un escritor decir que había tenido una idea, guardó el borrador en un cajón y al poco tiempo alguien manifestó esa idea por escrito, se le adelantó. ¿Quién piensa a quien? ¿El escritor a la obra o la obra al escritor? ¿la idea está por ahí flotando, con entidad propia, hasta que encuentra un receptor adecuado?

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  2. Gracias por compartir el cuento! No lo había leído hasta recién. Cuando ví el cortometraje pensé en Cortázar de inmediato. Habría que ver si en alguna entrevista el guionista habla acerca de la inspiración para escribir la historia.

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  3. paumjv dice:

    Tengo muchas ganas de ver el cortometraje, gracias por recordarmelo ya que lo había olvidado. =)

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  4. […] Encuentros: Alma, las muñecas de Wilcock y el axololt que inquietó a Cortázar […]

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  5. Que interesante el corto… ahora estoy curiosa para leer el cuento. Me ha gustado mucho tu texto. Bastante ilustrativo 😉

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