8 de marzo: bajo un cielo de fuego.

Nota y selección de poemas por: Desorbitados

Hoy, este Laberinto Poético quiere invitarles a transitar las letras de algunas mujeres quienes, a través de su labor creadora, han dado un salto más allá de la sumisión. De aquellas mujeres que hacen e hicieron de sus letras un paraíso; un camino desorbitado y un cielo de fuego donde crepitan sus voces.

Hoy, este laberinto poético quiere invitarles a transitar entre en una constelación de voces que en su momento han desencadenado sus pensamientos para hacerlos memoria escrita: desde la soledad, el placer, la lucha, la denuncia, etcétera.

 Mujeres poetas

 

No me digas que las mujeres

no están hechas de la madera de los héroes,

yo toda sola cabalgué sobre vientos

a la Mar del Este durante 300.000 millas.

Mis pensamientos poéticos entonces se extendieron,

como una vela entre el océano y el cielo.

Soñé tus tres islas,

todas gemas, todas resplandecientes con la luz de la luna.

Me entristezco al pensar en los camellos de bronce,

guardianes de la China, perdidos en espinas.

Avergonzada, no he hecho nada;

ninguna victoria a mi nombre.

Sólo hice sudar a mi caballo de guerra.

Contraída porque mi patria

me hace daño en el corazón. Así que dime;

¿como puedo aprovechar mis días aquí?

¿una invitada disfrutando las brisas de primavera?

 

Qiu Jin (China)

 

Más allá del olvido

 

alguna vez de un costado de la luna

verás caer los besos que brillan en mí

las sombras sonreirán altivas

luciendo el secreto que gime vagando

vendrán las hojas impávidas que

algún día fueron lo que mis ojos

vendrán las mustias fragancias que

innatas descendieron del alado son

vendrán las rojas alegrías que

burbujean intensas en el sol que

redondea las armonías equidistantes en

el humo danzante de la pipa de mi amor

 

Alejandra Pizarnik (Argentina)

 

De perfil

 

Te acercas al espejo y ves la cicatriz abierta como un ojo de perro sobre tu mejilla derecha, por ahí respiran los que te acompañaron, los que salieron en desbandada y te dejaron con la mitad de un adiós en la boca que ya no se quiso abrir. Te dejaron pedazos del vestido que llevaba una niña cuando la violaron tres hombres en la esquina de la alegría, allí donde alguien te dio tu primer beso. Das la vuelta y el espejo te enseña el lapo que quedó en la espalda cuando te colgaron de los pies para que vomitaras tu nacimiento. En adelante, tendrás que usar media máscara para salir a la calle. Tendrás que caminar despacio porque tu pierna derecha cojea y la respiración atropellada en tu cuello será una preocupación más. Ya no te volverán a hablar de la muerte, sabrás de ella por la luz en los ojos quietos de tus amigos. No volverás a contar los silencios porque el dolor te partirá una vez más. Se reirán de ti los que ven medio cuerpo en tu puerta y la justicia te volverá a expulsar porque tu bandera es la camisa manchada que cuelgas en tu ventana. No regresarás al espejo, porque te indica la ruina de tus dieciséis años con el mal y en tu frente las predicciones del hombre que cruza firme en un caballo.

 

Mery Yolanda Sánchez (Colombia)

 

Soy vertical

 

Mejor querría ser horizontal.

No soy un árbol con raíces hondas

en tierra, sorbiendo minerales y amor materno,

refloreciendo así de marzo en marzo,

reluciente, ni orgullo de parterre

blanco de admirativos gritos, muy repintado,

y a punto, ignaro, de perder sus pétalos.

Comparado conmigo es inmortal

el árbol, y las flores más audaces:

querría la edad del uno, la temeridad de las otras.

 

Esta noche, en luz infinitésima

de estrellas, árboles y flores

han esparcido su frescura aulente.

Yo entre ellos me paseo, no me ven, cuando duermo

a veces pienso que me les hermano

más que nunca: mi mente descaece.

Resulta más normal, echada. El cielo

y yo trabamos conversación abierta, así seré

más útil cuando por fin me una con la tierra.

Árbol y flor me tocarán, veránme.

 

Sylvia Plath (Estados Unidos)

 

Olga Orozco

 

Yo, Olga Orozco, desde tu corazón digo a todos que muero.

Amé la soledad, la heroica perduración de toda fe,

el ocio donde crecen animales extraños y plantas fabulosas,

la sombra de un gran tiempo que pasó entre misterios y entre alucinaciones,

y también el pequeño temblor de las bujías en el anochecer.

Mi historia está en mis manos y en las manos con que otros las tatuaron.

De mi estadía quedan las magias y los ritos,

Unas fechas gastadas por el soplo de un despiadado amor,

La humareda distante de la casa donde nunca estuvimos,

Y unos gestos dispersos entre los gestos de otros que no me conocieron.

Lo demás aún se cumple en el olvido,

Aún labra la desdicha en el rostro de aquella que se buscaba en mí

igual que en un espejo de sonrientes praderas,

y a la que tú verás extrañamente ajena:

mi propia aparecida condenada a mi forma de este mundo.

 

Ella hubiera querido guardarme en el desdén o en el orgullo,

en un último instante fulmíneo como un rayo,

no en el tumulto incierto donde alzo todavía la voz ronca y llorada

entre los remolinos de tu corazón.

No. Esta muerte no tiene descanso ni grandeza.

No puedo estar mirándola por primera vez durante tanto tiempo.

Pero debo seguir muriendo hasta tu muerte

porque soy tu testigo ante una ley más honda y más oscura

que los cambiantes sueños, allá, donde escribimos la sentencia:

“Ellos han muerto ya.

Se habían elegido por castigo y perdón, por cielo y por infierno.

Son ahora una mancha de humedad en las paredes del primer aposento”.

 

Olga Orozco (Argentina)

La amante

 

Soy la amante

que estrenas,

la nueva, la eterna,

la de muslos trigueños,

columnas seguras

que se abren perfectamente

para dar paso

a tu mar ancho y espeso.

Soy la de paralelas montañas,

erectas, duras,

por donde han caminado

pájaros heridos de amor.

 

Soy la amante nocturna,

la de noctámbulos besos,

( mis ojos, túneles profundos

donde se pierde la soledad).

 

Soy la de siempre, la eterna,

la que te arranca el hastío

de cada costado,

la que se tiende plácidamente,

la que se para,

la que te sorprende,

la que se quita las vestiduras

y se lava en tu río claro.

Soy la que te crucifica

con mis ojos, con mi lengua,

la que se pierde

en tu mirada lela,

la que infatigable

recorre tu cuerpo,

la que vibra con devoción

en tu silencioso mundo.

Soy ella, la eterna,

la antigua, la nueva,

la de siempre

la que se cierra

la que se abre

la de ambivalentes tardes.

Soy la que renace,

la que se abre

la que se cierra.

 

Orietta Lozano (Colombia)

 

 

Embriaguez

 

En jarros tallados en nácar

apuro un licor ignorado…

Tal vez ni del Rhin en las cavas

pudiera mi sed encontrarlo.

 

Con una embriaguez de rocío,

borracha de incógnitos hálitos,

tabernas de azul diluido

recorro en perpetuos veranos.

 

Cuando las abejas

y las mariposas,

agobiadas, ebrias,

vuelen de las pomas,

aún libaré yo mi vaso

de extraño licor…

Hasta que los ángeles

me agiten su níveo penacho,

y a los ventanales

celestes se asomen los santos

para contemplarme

borracha de azul y de sol.

 

Emily Dickinson (Estados unidos)

Sobre el poema y su traducción: versión de Carlos López Narváez

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4 pensamientos en “8 de marzo: bajo un cielo de fuego.

  1. Saluditos por aquí,
    Gracias por pasar por Letras, Lápiz y Papel, y quedarteñ Espero que tengamos mucho feedback.
    Besos desde el Caribe.

    Le gusta a 1 persona

  2. […] #CinemaDesorbitados, a propósito del aniversario luctuoso de Hipatia en el mes de marzo y el Día de Internacional de La Mujer, como fechas que coinciden para sumar voces en pro de la defensa de los derechos de las mujeres y […]

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