Conceptos “que dan risa”.

Por: Desorbitadxs

Ante la polémica desatada por el tema de la “adopción igualitaria” en Colombia, conviene presentar algunos argumentos propicios para un análisis más allá de posiciones ideológicas, religiosas y de conceptos “que dan risa”. Por ello en las siguientes páginas, se propone situar la discusión considerando aportes de carácter analítico, para cuestionar argumentos que tanto concejales, senadores, senadoras, profesores universitarios y demás personas sostienen en contra de la adopción por parte de parejas del mismo sexo.

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En la sociedad actual además de contar con estudios e investigaciones desde diferentes campos de conocimiento, producidos especialmente por hombres, contamos, también, con estudios e investigaciones realizadas, preferiblemente, por personas heterosexuales. Esto no constituye una posición en contra o a favor de esos estudios; más bien de debate, pues ha implicado, por una parte, la subordinación de las mujeres y, más recientemente, de aquellas personas con una orientación sexual no hegemónica.

Afortunadamente contamos con aportes teóricos, entre otros, como los de Michel Foucault. Desde los cuales es posible analizar afirmaciones como: “la homosexualidad se aprende”, “la homosexualidad es una enfermedad”, “la homosexualidad es contra natura”, etc., y junto a ello desmitificar vagas razones que, indiscriminadamente, se reproducen como verdades incuestionables y científicamente superiores.

Algunos datos históricos

Suponer que la homosexualidad se reduce a las afirmaciones enunciadas anteriormente, carece de análisis histórico. Entretanto es oportuno develar que la homosexualidad -así como la clasificación de otras expresiones de identidad sexual- es una categoría reciente en términos conceptuales[1]. Por lo mismo las dinámicas de relacionamiento heterosexuales, constituyen su institucionalidad específicamente con la entrada de la modernidad. Esto ha significado, por una parte, la puesta en discurso de “verdades” cuya legitimación ha tomado fuerza en instituciones -como: la familia, la escuela, la iglesia; las instituciones médicas, psiquiátricas, jurídicas, etc.- dando lugar a la dicotomía entre lo normal y lo anormal. Por otra parte, ha implicado la marginación de expresiones sexuales, si se quiere, “diversas”.

Sería adecuado, entonces, rastrear aquellas manifestaciones de la sexualidad en la Edad Media y, ¿por qué no?, antes; de esa manera podríamos cuestionar, por ejemplo, ¿por qué biblia niega la relaciones sexuales entre hombres? Desde lo que se podría inferir que las relaciones sexuales (no la homosexualidad) entre personas del mismo sexo, tiene orígenes no calculables por estudios que obedecen a pesquisas religiosas, jurídicas, médicas y psiquiátricas. De ahí que la pregunta acerca de si la homosexualidad se aprende o es contra natura, no encuentre respuestas en las opiniones de quienes no la viven, pero la critican y tampoco la sienten.

En ese sentido, esta trama de discursos pueden ser leídos desde un análisis de relaciones de poder -en este caso, en torno de la sexualidad- donde la verdad configurada desde la heterosexualidad se ha expandido de tal forma que las instituciones se encargan de administrar y, en esa medida, de producir/reproducir discursos desde los cuales se fundan espacios vedados, con el propósito de marginar a otras identidades sexuales, argumentando, por ejemplo: “lo respeto, pero…”:

“… hay que señalar que su comportamiento se aparta de lo común, lo que constituye de alguna manera una enfermedad. Al señalar a alguien como enfermo, con riesgos de fracasar en su vida afectiva, de consumo de sustancias psicoactivas o con mayor tendencia al suicidio no lo estamos discriminando sino señalando una situación” (Concepto presentado por profesor de la Universidad de la Sabana, 2015: 379)

Sobre algunos discursos que generan polémica.

Se trata, así, de posiciones discursivas donde quienes tienen medios tradicionalmente legítimados (desde la iglesia, medios de comunicación, política conservadora) para implantar una verdad, definen lo que está bien y lo que está mal; dicotomías que reducen posibilidades de relacionamiento -como la cuestionada alrededor de la “adopción igualitaria”- y generan afirmaciones -desde “conceptos científicamente probados”- como la citada anteriormente y como:

“Las personas homosexuales presentan una salud más deteriorada como mayor tasa de enfermedades mentales, más frecuencia de VIH Sida y de otras enfermedades de transmisión sexual, con un índice mayor de suicidio”. (Concepto presentado por profesor de la Universidad de la Sabana, 2015: 377)

“Si aceptamos el bienestar del niño como prioridad, no podemos asegurar en ningún caso la idoneidad de las parejas homosexuales para adoptar niños. Es necesario abogar por el beneficio del menor y solicitar que no se concedan en adopción a parejas del mismo sexo” (Concepto presentado por profesor de la Universidad de la Sabana, 2015: 377)

“El promedio de parejas sexuales es mucho más alto en los homosexuales, así lo demuestra el estudio “The social organization of sexuality: sexual practices in the United State” (1994): en ese estudio se demostró que si se preguntaba por el último año, las parejas heterosexuales tenían 1-2 parejas frente a 8 de las homosexuales; si se preguntaba por parejas a lo largo de la vida los primeros 4 frente a 50 de los homosexuales” (Concepto presentado por profesor de la Universidad de la Sabana, 2015: 378)

“Los estudios son muy numerosos, se demuestra que estas parejas del mismo sexo son mucho más inestables, están afectados de diferentes situaciones emocionales y físicas, que cometen más abusos sexuales, con tasas de suicidio más alta. Sobre este tema la propia Federación de Asociaciones Gays, Lesbianas y Transexuales (FEGLT) en su página web en francés tiene un documento sobre la tendencia al suicidio de los homosexuales” (Concepto presentado por profesor de la Universidad de la Sabana, 2015: 378)

“Un estudio de McCandihs (1987) sobre lesbianas que recurren a inseminación artificial demuestra una relación poco clara entre la compañera de la madre biológica y el niño que intenta llamar a la compañera de su madre “papá”. El mismo autor refiere casos de niños que van pidiendo a varones “que sean sus papás”, preguntan dónde está su papá o expresan su deseo de tener uno” (Concepto presentado por profesor de la Universidad de la Sabana, 2015: 379)

Ahora bien, podrán presentarnos estudios supuestametne rigurosos; no obstante, al analizar los mismos, es preciso anotar:

  1. Entre las personas con identidad sexual no hegemónica, hay evidencias de una construcción identitaria no relacionada con abusos, trastornos de identidad sexual o síntomas patológicos. De igual manera, no todas estas personas asumen su identidad sexual a edades tempranas, precisamente porque esta sociedad restringida a lo comúnmente normal: niega otras opciones de identidad, genera aislamientos, inestabilidad emocional, presión social -al condicionar la sexualidad de quienes no se identifican heterosexuales-, etc.
  1. En cuanto al VIH – SIDA, no deja de ser cuestionable que algunos estudios producidos por Estados Unidos ubiquen su aparición en África. No es gratuito, además, que se considere a la población homosexual como mayor portadora. De nada sirve engendrar más estigmas, si analizamos ¿por qué específicamente, de ser así, se propagó en personas homosexuales/hombres? ¿Están teniendo en cuenta estudios que revelan datos estadísticos sobre la incidencia del VIH en mujeres amas de casa, lesbianas, hombres heterosexuales?
  1. El hecho de que, usualmente, una pareja heterosexual se mantenga por más tiempo, no es garantía de relaciones más estables si consideramos el feminicidio, los abusos sexuales, la violencia intrafamiliar, entre otros hechos de la vida privada que en la vida pública son silencio y desconocimiento camuflado en estabilidad. Hechos, además, poco relevantes si interrogamos: ¿cuántas mujeres viven con sus esposos por obligación, por amenazas y no por estabilidad económica y emocional? (la misma pregunta respecto a algunos hombres) ¿Cuántos hombres viven con sus esposas, aparentan estabilidad, pero asisten usualmente a prostíbulos para suplir sus deseos sexuales? (una pregunta sin el propósito juzgar la práctica sexual en sí) ¿Cuántos padres, aún sosteniendo relaciones heterosexuales, abusan tanto de sus esposas, familiares, hijas y/o hijos?
  1. Hablar de suicidio implica hablar de causas. Si hablamos de suicidio en personas homosexuales, no es prudente patologizar por su identidad sexual. Conviene, al contrario, preguntarnos de qué forma se están relacionando en esta sociedad y cómo ésta (si hablamos genéricamente de la mayoría “común”) se está relacionando con éstas.                 Un ejemplo preciso es el caso reciente de Sergio Urrego en Colombia, quien, según la información hecha pública en torno a su caso, el suicidio tuvo causantes relacionadas con el maltrato recibido por su orientación sexual, en el colegio que estudiaba. Esto hace oportunas algunas preguntas: ¿Por qué se dan los suicidios en estos casos? ¿Es puro deterioro mental o prejuicios exclusivos de quienes promueven sus argumentos con tintes racistas? No sólo se trata afirmar que presentan “salud más deteriorada”; si es así, habría que cuestionar a qué se debe ese deterioro más allá de juzgar solamente por su identidad sexual.
  1. Considerar la homosexualidad como enfermedad, es caer en falsas rigurosidades científicas, arguyendo que en los años 70 la Asociación Americana de Psiquiatría (APA) dejaría de considerarla trastorno mental y en la década de los 90 la Organización Mundial de la Salud (OMS) la excluiría de la lista de enfermedades mentales.  Así mismo, es incoherente presumir rigurosidad científica si predominan datos cuantitativos y no cualitativos, desde los cuales obtener información relacionada con la historia de quienes no asumen una orientación sexual no hegemónica. No son suficientes porcentajes presentados en informes o conceptos como el mentado, en el cual, perfectamente, se encuentran generalizaciones y acusaciones vagas, cuyas investigaciones desconocen a otro porcentaje poblacional según sus condiciones de vida y reconocimiento de su identidad sexual.

Este es un tema que contempla múltiples aristas, entre las cuales acá se propuso mencionar algunas. Si analizamos lo que genera tanta polémica, la preocupación por la defensa de la vida de la niñez no cuenta con la seriedad, ni supuesta prioridad alegada por algunos concejales, senadores e investigadores. Existe una preocupación mayor por la regulación poblacional de las personas homosexuales a quienes se cree contagiosas.

De esa manera, la expuesta preocupación por el mentado “interés superior del niño”, podría definirse como hipócrita. Pues: si leemos, escuchamos y analizamos los discursos de quienes promueven la no  adopción, es más visible su interés por marginar en vez de buscar soluciones a problemas sociales de mayor relevancia como, por ejemplo, la pobreza instituida reguladora de la producción de capital humano; la producción de potenciales humanos para la guerra, la producción de “potenciales criminales” para hacinar cárceles; la producción de programas educativos asistencialistas no diseñados para enseñar a pensar.

Si contemplamos de fondo este tema, tanto homosexuales como otras identidades, han sido  marginadas. Junto a esa marginación se les atribuyen: la enfermedad mental, los altos índices de suicidio, los índices más altos de infecciones por transmisión sexual, la perversión…  podemos seguir con la lista que va desde etiquetas, hasta diagnósticos médicos, psiquiátricos, jurídicos, como también sermones religiosos muy relacionados con el discurso racista que hace años se producía, específicamente, en detrimento de las razas o las etnias, y que hoy se presenta como un “racismo biológico”[2] en contra de otras expresiones de identidad sexual.

Por todo esto, a quienes se oponen a la adopción igualitaria, vale la pena decirles que oponerse y suponer políticas en contra de la adopción por parte de parejas del mismo sexo, no es garantía de que la homosexualidad no se siga propagando (como algunos de ellos lo creen), sencillamente porque no es una enfermedad. A ellas y a ellos, vale la pena decirles que no lancen prejuicios sin conocer de cerca la historia de las personas cuyas identidades sexuales contemplan un sentir más allá de factores externos de formación, educación recibida en la familia y en la escuela. A ellas y a ellos, defensores de la “verdad”, de las tradiciones por excelencia, vale la pena decirles que gracias a sus afirmaciones hoy estamos haciendo públicos argumentos para no cerrar el tema e invitarlos al debate; para que la opción sea la duda y no el ataque de lo que no se comprende.

Daniel Arzola No soy tu chiste 05

[Ilustración del artista venezolano Daniel Arzola]

Notas

[1] Sobre esta categoría, Michelt Foucault menciona un artículo que fue publicado en 1970 y que, según él, “puede valer como fecha de nacimiento” de la caterogía en términos médicos, psiquiátricos y psicológicos. Para remitirse al dato, pueden consultar en: “Historia de la sexualidad: la voluntad de saber”, página 28, Siglo XXI editores. Edición digital disponible en Internet.

[2] Sobre este tema pueden consultar “Defender la sociedad” (1997) que hace parte de los cursos dirigidos por Michel Foucault en el Collège de France. Edición digital disponible en:

https://primeraparadoja.files.wordpress.com/2011/03/1976-defender-la-sociedad.pdf

Referencias 

Concepto presentado por profesor de la Universidad de la Sabana, 2015

http://static.elespectador.com/archivos/2015/02/06352452ae8350df35f9b0aa53ce6659.pdf

Foucault Michel (1997) Defender la Sociedad.

Foucault Michel (1976) Historia de la sexualidad: la voluntad de saber.

Advertencia: la reproducción de este artículo solo será posible con autorización de su autor, por lo tanto cualquier reproducción no autorizada será denunciada.

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